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Noticias de los antiguos teatros de Crevillent

Historias para contar, por Salvador Puig Fuentes

Para recabar datos sobre los teatros que tuvo Crevillent nada mejor que recurrir a las noticias publicadas en los periódicos de la última década del siglo XIX: »Centro de la Unión» y el »Eco de Crevillent» y los que aparecieron en el primer cuarto de la siguiente centuria: »La Voz de Crevillente» y »Regeneración» (alguno de ellos dados a conocer por J. Sempere Pastor). La lectura de estas publicaciones son de gran interés por cuanto reflejan el estado de Crevillent por aquellas fechas. Nuestro pueblo gozaba de buena salud económica tras haber soltado el lastre de las imposiciones feudales medio siglo antes. Con dicho estado de prosperidad, las dos últimas décadas del siglo XIX serían pródigas en inauguraciones de servicios públicos beneficiosos para la ciudad: Estación de Ferrocarril -por parte del Estado-, acabado de las obras del templo de Nuestra Señora de Belén (a falta de obras menores), y las efectuadas por el Ayuntamiento con el beneplácito de la ciudadanía: Hospital y Lavadero (reedificados ambos en el mismo sitio que ocupaban), un nuevo Cementerio Civil y Laico, un Matadero, en sustitución del anterior antihigiénico y obsoleto. De la mencionada inauguración del Lavadero y del Hospital que tuvo lugar en domingo 29 de Noviembre de 1885, debemos resaltar el clima de júbilo imperante por haber sido vencida dos meses antes la Epidemia del Cólera que tantas muertes causó en la población. A la vez que las instituciones de carácter oficial acometían las mencionadas obras de evidente interés social, personas con cierto poder económico decidían invertir en empresas que ofrecieran espectáculos de diversión dentro de edificios, construyendo primero el llamado popularmente »El Teatret» y, más tarde, el Teatro Chapí. Del primero tenemos noticias de su funcionamiento desde 1880. Situado en la Plazuela de San Francisco, llamada así por ser un espacio abierto en el lateral derecho de la calle de Ruiza donde en la fachada sur había un cuadro de Ntro. Sto. Patrón. Nueve años después el periódico »Centro de la Unión» acogía los rumores que circulaban »sobre la construcción del nuevo teatro, pues tenemos entendido que se ha mandado hacer el plano».

Desconocemos los detalles de dicho anteproyecto, pero tuvieron que pasar veinticinco años para realizarse el El Chapí. Mientras, “El Teatret” cobijó a las diferentes clases sociales a presenciar todo género de representaciones: dramas, comedias, varietés, zarzuelas, conciertos de música y corales. En él inició su andadura el recién creado »Orfeón Crevillentino» y, más tarde, con el inicio del nuevo siglo, hizo su aparición el gran invento del Cinematógrafo con inusitado éxito.

Respecto al apartado de espectáculos, el mencionado »Centro de la Unión» informaba del éxito de la Srta. Rodríguez Valdivia interpretando las comedias »No hay mal que por bien no vengan» y »Diabluras de Perico», muy del gusto de la alta sociedad. Según el periodista, »lo más distinguido de la sociedad crevillentina ocupaba todas las localidades del teatro». Otra publicación, »El Eco de Crevillente», revista quincenal de ideas masónicas editada a partir de 1895, informaba de que »para diciembre de este año el Orfeón Crevillentino pondrá en escena las aplaudidas obras: El Juramento y Marina». El tercer periódico del que hemos sacado noticias sobre los teatros, »La Semana», aparece en el año 1905, ofreciéndonos dos años después datos muy interesantes sobre el interés de los crevillentinos por las artes escénicas. Sirva como muestra la intrepretación del »drama de Guimerá: Tierra Baja». De ahí las alusiones del periodista a los rumores: »se dice que en el solar resultante de la demolición del Castillo se construirá un teatro». Se denominaría Cinema Iris, inaugurado veinticinco años después.

Abierto a celebrar los actos importantes, el Teatret también acogió a partir de 1905 los mítines que tenían lugar a continuación de las »Dianas» del Primero de Mayo para ensalzar la Fiesta del Trabajo. Hasta este año las noticias que nos han llegado hablan de actividades escénicas, pero dos años después irrumpió en el local el gran invento del Cinematógrafo, cine mudo que hacía las delicias del público, que tenía la ventaja de poder hacer dos o tres sesiones en una tarde. Los hermanos Carreño, propietarios de la máquina de proyectar películas como La linterna Mágica, El Motín de Odessa, tuvieron el acierto de »estrenar la noche de un jueves una bonita vista de esta población tomada desde la calle San Sebastián». Las películas, amenizadas por un pianista del pueblo y comentadas por un empleado de los Carreños, provocaban las lágrimas o risas de los espectadores. Para estos, el comentarista preferido era Julí (-Que explique Julí, gritaban cuando había alguna interrupción). El paso del tiempo y la creciente demografía dejaron obsoleto el pequeño Teatret propiciando la edificación del deseado Chapí. A semejanza del anterior ubicado en un espacio abierto en la calle san Sebastián, pasado el Puente, lugar que el pueblo llamaría »Replazeta del Chapí». Inaugurado el sábado 14 de febrero de 1914, derribado a principio de este siglo (costumbre de nuestros gobernantes), para construir otro nuevo según los cánones de la modernidad. Pero la reciente historia, recuerdos y vivencias del añorado Chapí merecen otro artículo.

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