Cantando se vive mejor, por ESPERANZA SEMPERE CONGOST
El 22 DE NOVIEMBRE: FIESTA DE SANTA CECILIA, PATRONA DE LA MÚSICA. Fiesta de gran arraigo en Crevillent. Actuaciones en su honor, misas cantadas, pasacalles, cenas privadas con remembranzas de hechos reseñables de cada entidad; ocasión anual de hacer balance y confraternización de músicos, coralistas y aficionados.
Pero…2020 va a ser distinto. Si no puede ser un año de confraternización, al menos que nos sirva para reflexionar.
Partamos de unas fotos del año 1953: “Los coralistas disfrazados en pasacalle, haciendo las delicias del público”, bailes con orquestina, sopes de faixa. Por supuesto que también se celebraba con conciertos de gala, pero la característica fundamental de esta fiesta era la de ser una fiesta interna, por y para los músicos, donde con el ingenio que caracteriza a los crevillentinos se pasaba revista a las actuaciones del año, se repartían premios al mejor coralista, se hacían parodias de las actuaciones del año y hasta se criticaba a los directores, como un desahogo por la disciplina impuesta en los ensayos y que tanto costaba imponer.
Siempre hemos alardeado de la arraigada afición musical y lírica en nuestros queridos lares. Y además presumimos de la ininterrumpida (y, sin embargo, no siempre pacífica) transmisión generacional. ¿Qué ha significado la música para los crevillentinos? ¿Sigue siendo tan identitaria como presumimos? ¿Y, si realmente es tan arraigada, por qué no tenemos todavía instituciones regladas como un Conservatorio? Y, ¿cómo es posible que hayan salido tantas figuras profesionales de cantantes, directores, instrumentistas… sólo de unas asociaciones musicales amateurs?
Nos cuenta Telmo Vela en su libro de memorias las “soirées” privadas que se celebraban en su casa donde asistían amigos cuyo modo de distracción era la de “hacer música”, unos cantaban, otros tocaban algún instrumento… La calle Llavador se llamaba la calle de los pianos, porque pasear por ella era asistir a un concierto improvisado. En esa misma calle ensayaba el Orfeón en 1914 para la inauguración del Teatro Chapí, donde el director Bautista Aznar y Joaquín Candela Ardid, músico y médico de profesión, organizaban las zarzuelas montadas para su inauguración. El Orfeón Crevillentino, que fue instituido para dar forma y canalizar una tradición ancestral, tras el parón por otra pandemia (la gripe de 1918), continuó ascendente con sus actividades, unas veces más serias, como el concierto-homenaje a Telmo Vela y otras más populares como los Carnavales.
Nos cuenta Telmo Vela las “soirées” privadas que se celebraban en su casa donde asistían amigos cuyo modo de distracción era “hacer música”; unos cantaban, otros tocaban algún instrumento…
Tras la Guerra Civil, la música vuelve a ser el alma de la población; el crevillentino vibra con su coral o su banda en cada acontecimiento. Giras nacionales (1955 Zaragoza, Valencia, Barcelona, Madrid), primeros premios en concursos, grabación de discos; hasta llegar la culminación con las temporada de óperas de Elda y la toma de contacto con las figuras más importantes del panorama nacional, Montserrat Caballé, Plácido Domingo, Juan Pons, Carreras…
Actuaciones en grandes teatros: Teatro de la zarzuela o Calderón en Madrid, Liceo de Barcelona y Palau de la música. Salidas al extranjero memorables como la de Orán en 1955, Bélgica en 1967, El Paso (EEUU) en 1983, Austria en 1985, París en 1995, etc…
Centrándonos en la lírica, es asombrosa la aparición de figuras del canto en el mundo profesional. Pero no han surgido de la nada. Antes hemos tenido una nómina de grandes cantantes que vivieron entre el mundo profesional y el amateur, una primera generación, la de Eulalia Candela, Esperanza Congost, Asunción Igual, Andrés Manchón, Armando Aznar, Joaquín y Antonio Fuentes…, que enlaza con los Tono Fuentes, Pedro Lledó, María Teresa Quesada, Manuel Adsuar…etc. La figura que irrumpe con fuerza en el mundo profesional será el tenor de proyección internacional José Sempere, quien, como ejemplo de continuidad apoya en estos momentos a la figura emergente más joven y prometedora de Crevillent; el bajo Manuel Fuentes. Como ya consagrados, una gran lista de grandes profesionales, Antonio Gandía, Sandra Ferrández, María y Pepa García Maciá, Luca Espinosa, José Manuel Mas, Arturo Pastor, Javier Mas…
… Y… siguiendo con la reflexión … ¿cómo podría haber surgido toda esta larga nómina de cantantes si no hubiera existido esta afición centenaria, formalizada en entidades musicales, con pianistas, directores, músicos entregados a transmitir el arte de la música, sin grandes pretensiones pero sí con una vocación de perfeccionismo que nos hacía comparables a las grandes instituciones profesionales?
La solución de futuro pasa por reivindicar la profesionalización de la enseñanza musical, la reivindicación de un CONSERVATORIO, la construcción de TEATROS, AUDITORIOS, pero sin olvidar la base popular, la base amplia de esta pirámide que sustenta de forma estable la élite de músicos de los cuales nos enorgullecemos. De ahí que ilustremos este humilde artículo con imágenes de cantantes anónimos a los que hay que reconocer que, sin ser conscientes de su labor histórica, lo cierto es que se lo pasaban muy bien. ¿Verdad, Paquito (el Tieso), Sunsio (la Homeneta), Manuel Diperi, Juanele, Paco y Fausto (Caetes)… ¿Y un largo etc?