Aparte de colaborar gustosamente en esta publicación, soy el administrador en el Facebook de un grupo de unas 1.000 personas dedicado a las plantas cuyo nombre es homónimo al de esta sección.
El pasado 16 de noviembre celebramos la «X salida otoñal a la sierra» y unos cuantos valientes nos dispusimos, a pesar del viento y del frío, a disfrutar de una mañana dedicada a la observación de nuestro entorno vegetal.
Son muchas las especies dignas de ser admiradas pero en esta ocasión quisimos centrarnos en una humilde planta de unos pocos centímetros.
Se trata de la escasísima Caralluma munbyana, que recuerda a un cáctus, a pesar de estar englobada en otra familia, la de las asclepediáceas.
Comenzamos nuestro recorrido en la parte de la umbría. De camino a la Vella, que es donde se encuentra esta pequeña maravilla, el biólogo y amigo Enric Martí nos mostró la única población de la sierra de una especie de Verbascum, (gordolobo).
Estas plantas merecerían un lugar destacado en cualquier jardín urbano por sus espigas florales de casi dos metros, repletas de cientos de delicadas flores amarillas. Algunos pinos piñoneros, de forma aparosalada destacaban junto a sus primos los carrascos.
Multitud de plantas endémicas propias de las sierras sub-béticas aparecían ante nuestros ojos casi sin darnos tiempo a disfrutarlas y así, tranquilamente, llegamos hasta las carallumas.
Yo había marcado su localización exacta unas semanas antes para poder dar con ellas ese día con facilidad; la pena fue que no estaban en flor, que por cierto tienen un olor fétido para atraer a sus polinizadores, las moscas.
Entonces vi algo que me inquietó mucho: Alguien no sé con qué fin se había molestado en subir hasta allí dos gruesas hojas de más de un metro de Kalanchoe beharensis, que es una planta suculenta exótica de hojas gigantes. Así que con el misterio sin desentrañar nos dimos la vuelta y regresamos a los coches.
Por Juan Francisco Egea Manchón