Hasta por lo menos los años 60 del pasado siglo, en el número 7 de la plaza de la Constitución de Crevillent, estuvo situado el garaje y la parada de los autobuses de transporte de viajeros conocidos popularmente como «El Miralles», cuyo servicio de mayor frecuencia recorría el trayecto Crevillent-Elche-Alicante de ida y vuelta. El nombre de esta compañía procede del primer apellido de la persona que la fundó en nuestra localidad, a finales del siglo XIX. Aunque los locales de la Plaza, adjuntos a la calle de San Cayetano, los ocupó la empresa un poco más tarde, seguramente al inicio de la década de 1910, cuando la calle aún se llamaba del Mesón.
En 1896, el Ayuntamiento requirió los servicios de un cochero llamado Jaime Miralles Orts, para trasladar a un hombre accidentado desde el barranco del Alquitrán (1). Tres años después, en 1899, se solicitaba su carruaje impulsado por dos caballos, para conducir hasta el barrio de San Felipe Neri al presidente provincial de Instrucción Pública (2). Jaime pudo desarrollar su trabajo con una tartana a pesar de tener la pierna derecha unos doce centímetros de longitud más corta que la izquierda. Había sufrido una doble fractura del hueso fémur posteriormente mal consolidada, que le produjo un déficit de crecimiento (3). También le tuvo que suponer un gran obstáculo para desarrollar su negocio, la competencia en los últimos años del siglo XIX, de al menos dos relevantes empresas locales de transporte. La establecida en la posada de la calle Nueva (llamada actualmente del Sagrado Corazón de Jesús) propiedad de José Ruzafa Oncina (4), y la situada en la plaza de la Constitución regentada por Salvador Alfonso Pérez (5). Esta última posada tenía capacidad para albergar al menos a una treintena de personas, y disponía como mínimo de seis carruajes (6).
Jaime Miralles Orts descendía de una familia asentada en Elche. Nacido en 1844, era hijo de Antonio Miralles Irles y de Francisca Antonia Orts García (A). Se casó en la década de 1870 con Dolores Hernández Segarra, nacida también en la ciudad ilicitana en 1850, hija de Jaime Hernández Guilabert y de Josefa Segarra Castaño (B). Debieron establecerse aquí en Crevillent alrededor de 1880, ya que el mayor de sus hijos conocidos, Antonio Miralles Hernández, nació en Elche en 1876 (7); y el segundo, Jaime, nació y fue bautizado en 1882 en la iglesia local de Nuestra Señora de Belén (a), como el resto de los 6 hijos que después tuvieron.
Cuando el primogénito, Antonio, fue llamado a filas en 1895, tenían sus padres cinco hijos más, todos ellos menores, a quienes no podían mantener con el producto de su trabajo (8). Por ese motivo quedó exento del servicio militar para así contribuir al sostenimiento de la familia. Lo mismo ocurrió con el segundo, Jaime Miralles Hernández, que se libró en 1902. Su hermano mayor antes citado, ya se había casado, y ahora era él quien debía colaborar con sus padres para sacar adelante a toda la familia (9). En 1903, Jaime Miralles Orts fue declarado pobre por el Ayuntamiento de Crevillent, cuando vivía junto a su mujer y cinco hijos menores de edad. Uno de ellos, llamado Manuel, incapacitado de por vida para el trabajo, como consecuencia de una hidrocefalia crónica (10). Finalmente, en 1906, a Jaime lo contrató el Ayuntamiento por un periodo de diez años para trasladar los difuntos al cementerio con el coche fúnebre (11), pero no pudo llevar a cabo dicho compromiso al sobrevenirle la muerte en enero de 1907 (b).
El mayor de los hijos de Jaime y Dolores, Antonio Miralles Hernández, que se había casado a principios del siglo XX en Elche con Asunción Espí Maciá, fijó su residencia aquí en Crevillent, dando continuidad al mismo trabajo de transporte de viajeros, e, inicialmente, en similares condiciones de pobreza que las de sus padres. En 1912 aparece domiciliado ya en el número 7 de la Plaza (12), se le cita a lo largo de esta década como propietario de la posada allí existente (13), y como contribuyente en el apartado industrial, lo que demuestra que ya gozaba de cierta solvencia económica. La madre, Dolores Hernández Segarra, fallecería en 1918 debido a una fractura de fémur, la misma lesión que a su marido le había causado una invalidez permanente (c).
Después de permanecer muchos años inactiva la posada y la cochera de la Plaza, en junio del pasado año se procedió al derribo de todo el edificio. Ahora sólo queda en pie el muro exterior que sostiene el marco de sillares de la entrada, obra que fuera del maestro Manuel Brotons Agulló (Foto 1).
En noviembre del pasado año, la página local «Descobrint Crevillent» dio a conocer un dibujo de un carruaje rotulado con la expresión «Antonio Miralles y Comp» (Foto 2) realizado en 1889 por Ludwing Rösche (1865-1936), un pintor austríaco que visitó Elche y Crevillent buscando inspiración. Y, a la vista de la información disponible, sólo caben formularse suposiciones al respecto. Lógicamente puede resultar extraño que la inscripción se refiera a Antonio Miralles Hernández, ya que éste sólo tenía 13 años cuando se hizo el dibujo. Y Jaime sólo tenía un coche tirado por dos caballos, y el del dibujo aparece numerado como si formase parte de un conjunto. Por otro lado, el padre de Jaime Miralles Orts, vecino de Elche, se llamaba también Antonio Miralles. Aunque en las fichas de nacimiento de sus 8 hijos, no se le menciona en ningún caso dedicado al transporte de viajeros. Aparece cinco veces como jornalero, dos como labrador y una como carruajero (constructor de carruajes). Cabe decir también, que Antonio Miralles también podría referirse al nombre del hermano más pequeño de Jaime Miralles Orts, nacido en 1865 en la ciudad ilicitana (C). O, por último, que la compañía rotulada en la parte trasera de ese carruaje perteneciese a otra familia distinta. Sin descartar, que, independientemente del origen de ese carro dibujado, se lo trajese Jaime Miralles Orts cuando vino a Crevillent para iniciar aquí su trabajo.