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Teletrabajo

Curiosidades, por VICENTE FUENTES FUSTER

Esta palabra, desconocida hasta hace poco, parecía tener un áurea mágica, de película, casi divina. Cuando un trabajador se tiene que levantar a las 6 o las 7 de la mañana, para tener tiempo a desayunar algo y llegar a tiempo al puesto de trabajo, siempre piensa que, si tuviera que trabajar desde casa, aún le quedarían dos horas para dormir.

Por fin, para algunos trabajadores, este sueño se ha cumplido. Este maldito virus que nos está atacando y que nadie sabe cuándo se irá, ha hecho posible esta realidad para unos privilegiados. Son aquellos afortunados cuya herramienta de trabajo es un ordenador y un teléfono.
Esta situación ha creado dos nuevas clases de trabajadores y ambas están sumamente descontentas con su situación.

Los empleados que tienen que madrugar para acudir a la fábrica, la obra, el taller, el camión o al campo, envidian a los que se quedan trabajando en casa, sin que nadie se meta con ellos. Además, estos últimos pueden ir directamente de la cama a la mesa de trabajo. En algunas ocasiones pueden, incluso, trabajar en la cama, la terraza o bajo la sombra de un árbol. Mientras, los que deben ir físicamente al trabajo tienen que soportar las inclemencias del tiempo y el mal humor del jefe o del capataz.

Pero, aunque parezca mentira, los del teletrabajo también se quejan. Cuando tenían que acudir de forma presencial a su puesto, se sentían obligados a tener un aspecto externo apropiado para atender visitas, lo que hacía que se sintieran sumamente importantes. Algunos, incluso, hacían viajes por la península o por el extranjero. Esto les proporcionaba unos días de alivio de la familia y del trabajo rutinario.

Otra cosa que este sistema ha cambiado son las tradicionales conversaciones alrededor de la máquina de café

Otra cosa que este sistema ha cambiado son las tradicionales conversaciones alrededor de la máquina de café; los cotilleos de todo tipo que solían acompañarlas, han desaparecido. Ya nadie sabe quién va primero en la Liga, ni qué tipo de ropa está de moda esta temporada.
Algunos confiesan que este sistema de trabajo les ahorra mucho dinero en peluquería, zapatos, vestidos y otros gastos varios; sin contar que el descenso en el consumo de gasolina, que les supone un ahorro muy importante todos los meses.

Pero todo no han sido ventajas. Tener a los niños en casa todo el día es, sencillamente, lo más parecido a una tortura china. Además del teletrabajo, estas personas deben estar pendientes de la pantalla del ordenador de los niños, pues nunca se sabe si el que aparece en ella es el maestro o el protagonista de una película que están viendo. Por si fuera poco, el sistema de enseñanza actual no tiene nada que ver con el que los padres estudiaron en sus tiempos infantiles.

Me han dicho que durante la temporada del teletrabajo, algunos empleados de la misma empresa, que no podían resistir al aislamiento, se reunían clandestinamente en lugares acordados, para hacer allí el trabajo todos juntos. Para estar más tranquilos se llevaban a algún amigo para que hiciera de vigilante. Parecían pertenecer a una empresa ilegal en tiempos de la Ley Seca en USA.

Debemos hacer rogativas para que esta epidemia se vaya lo más pronto posible, de lo contrario es posible que acabemos todos trastornados de los nervios.

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