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Personajes en busca de calles

Historias para contar, por Salvador Puig Fuentes

El cambio de nomenclatura de calles de Crevillent, propuesto por el Ayuntamiento, no parece que haya suscitado el debido interés en el vecindario. El asunto viene de lejos, se trata de una deficiencia cultural endémica. Hace ya quince años, en una asamblea del Ateneo Municipal de Cultura, en Ruegos y Preguntas, José Antonio Aznar Navarro propuso: “poder llevar a cabo una investigación para conocer por qué las calles tienen el nombre que tienen y a qué obedece (…)”. Algo en lo que recientemente ha insistido la archivera municipal, Bibiana Candela, en dos artículos publicados en la revista de Semana Santa y en La Rella. Para no herir susceptibilidades, opino que ciertas calles debían recuperar su antigua nominación: calle de Ruiza, de María Miralles, Salitre, etc., lo mismo que han perdurado las  de Pedro Soler, de Molina, todas ellas con un contenido histórico que se remonta al siglo XVII. Por otra parte, de los dos rótulos: “Gutierre de Cárdenas y Duque de Maqueda” debe eliminarse uno, porque recaen en el mismo personaje, el primer señor feudal de la villa. En el capítulo de incongruencias destacaría la de avenida de Blasco Ibáñez. Todos sabemos que este señor fue un gran novelista valènciano, pero que no tuvo vinculación alguna con Crevillent.


Puestos a indagar sobre la nomenclatura actual, echamos de menos que no se haya rotulado plaza o avenida de las principales a nombre del eximio personaje del siglo XVIII, D. Ambrosio Guillén, el cura que más tiempo estuvo de párroco, -cuarenta y nueve años, 1730 a 1779-. A él debemos la planificación y urbanización del actual Crevillent. Hombre con visión de futuro, supo ganarse la confianza del Duque de Arcos para restablecer las relaciones de la iglesia con la Casa Dominical, deterioradas desde la expulsión de los moriscos por asuntos económicos. Primero consiguió del duque la donación del solar para erigir el actual Calvario, que para hacerlo accesible hubo de construirse el “Puente sobre La Rambla”, lo cual propició la unión del casco antiguo con el distrito de la Trinidad, facilitando el desarrollo urbanístico del “Barri del Pont”. A la vez, consiguió permiso y dinero del Sr. Feudal para reconstruir y ensanchar la ermita de la Purísima, y el Hospital instalado en ella trasladarlo a un edificio situado en el “Calvario Antiguo”, junto a la ermita de santa Anastasia.

Cúpula de la iglesia Nuestra Señora de Belén, obra del arquitecto Miguel Francia


Aprovechando el crecimiento demográfico y buena coyuntura económica que gozaba la villa a mediados del siglo XVIII, don Ambrosio logra convencer al duque de la necesidad de construir un templo de mayores dimensiones que el actual, pequeño y obsoleto. Le recuerda que, como señor de la villa, de la que recauda sumas importantes de dinero, tiene la obligación de financiar su edificación y mantenimiento del clero.


Tras varias negociaciones, el duque y el obispo de la Diócesis firman un documento, llamado “Concordia” (año1772), en el que se redactan las bases para financiar la construcción del templo y mantenimiento del culto. El sitio escogido, un solar rectangular lindante por el sur con camino de Catral, norte espacio que se dedicó a plaza, este y oeste con dos espacios que formarían calles. La del este convertida luego en carretera que cruzaba el pueblo. Con esta gran actuación, y la anterior del Calvario dejó don Ambrosio perfilado el desarrollo urbano del Crevillent actual. (Me he permitido resumir al máximo el comentario sobre las obras que llevó a cabo este personaje tan influyente en la historia de Crevillent, basándome en artículos publicados por el catedrático Cayetano Mas Galvañ y, alguno mío, en Revistas de Semana Santa. Pienso que coincidimos en que es injusto tener olvidado a este gran personaje. Merecimientos sobrados tiene como para dedicarle una de las mejores avenidas o plaza de Crevillent.

«El párroco D.Ambrosio Guillén fue el impulsor del templo de Belén y Miguel Francia su arquitecto»

Otro personaje digno de aparecer en el callejero podría ser el arquitecto Miguel Francia García, avecindado desde joven en Crevillent, casado en segundas nupcias con la hermana del mencionado párroco, con el que tuvo complicidad a la hora de emitir informes sobre la solidez de la iglesia, y de su torre (hoy Mercado de Abastos). Dirigió las obras de ensanche de la ermita de la Purísima, bendecida por el obispo a mediados del siglo XVIII. Diseñó los planos de la actual iglesia de Ntra. Sra. de Belén, el templo más espacioso de la Diócesis, su obra más importante. Hombre honrado y trabajador, muy apreciado en los círculos de la Diócesis por sus proyectos artísticos ejecutados en diversas iglesias. En lo civil cabe destacar sus trabajos como medidor de aforos de manantiales.


El tercer personaje que merece, sin duda alguna, tener una calle rotulada a su nombre, es Antonio José Cavanilles (1745- 1804), el gran naturalista valènciano. Ningún científico dedicó mejores elogios que él a Crevillent. En su libro “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reino de València”, publicado en 1797, dedica cinco páginas a narrar su visita efectuada a nuestro pueblo cinco años antes. No pierde detalle de lo que estaba ocurriendo en aquellos momentos: el buen estado económico y social, -“no hay en Crevillent ocio ni miseria, todos trabajan a porfía (…)”. No falta su alusión a los crevillentinos que vio cinco años antes en París vendiendo “tapis d`Espagne”. Comenta la buena relación del Ayuntamiento con el señor feudal y datos sobre la actividad fabril: pleita, telares para tejer esteras de junco. La narración de su recorrido por la “Acequia y Mina” de la Font Antiga ha quedado como modelo de objetividad; maravillado dirá: ‘’En este largo trecho están las obras que hacen tanto honor a los de Crevillent”. No en vano, la descripción llamó la atención de investigadores extranjeros, que consideran “la Mina” como un ejemplo de “qanat” de origen medieval. Gracias al mencionado relato de Cavanilles, el nombre de Crevillent, es conocido internacionalmente.

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