In Memoriam, Por ANA SATORRE PÉREZ
Una sonrisa, es lo primero que me provoca el recordar a Miguel Ruiz Guerrero, un hombre que ha dejado huella no sólo artística sino humana y que Crevillent recordará siempre por el gran legado que nos dejó. El mundo del arte ha perdido a un gran escultor realista, -o como él se calificaba “figurativo”- y una persona comprometida con el tiempo que le tocó vivir.
Miguel nació en Ronda (Málaga) en 1956, transcurrieron sus primeros siete años de vida en Marruecos y posteriormente se traslada a Crevillent. Fue autodidacta, dedicó 40 años al mundo de la escultura, y fue un artista libre de cualquier influencia, a pesar de que se mostraba admirador de la obra de Mariano Benlliure.
Cursó estudios de “Maestro Industrial, Delineante”, pero su carrera profesional vino marcada cuando descubrió que era escultor. Sus vivencias en Australia –donde vivió de 1982 a 1985- hicieron que se profesionalizara su trabajo artístico en la escultura, y así, a partir de esos años decidió entregarse, como él mismo decía, a esta “actividad creativa”.
Visité el taller de Miguel hacia 2011 con motivo del encargo que se le hizo desde el Ayuntamiento para que realizara una placa dedicada a Álvaro Magro para el Museo Benlliure. Guardo el recuerdo especial, de cómo me dio a conocer, en aquella mañana luminosa, algunas de las obras que poblaban su casa taller; y de ahí surgió la idea de organizarle una exposición antológica en la Casa Municipal de Cultura. Durante más de un año la preparamos, seleccionando cada una de las obras que la compondrían. Finalmente se inauguró en septiembre de 2012 e iba acompañada de un catálogo que recogía todas estas obras. Con esta muestra dejó ver una retrospectiva de su obra pictórica, escultórica y audiovisual.
El hecho de comisariar esta exposición me permitió conocerle algo mejor, y no solo ya sus inquietudes artísticas sino también los valores que le guiaron a lo largo de su trayectoria artística y vital: el amor a la vida, el respeto, la empatía, la libertad…
Escogimos con entusiasmo las obras que iban destinadas a la muestra y cada una de ellas las consideraba pequeños hitos en su difícil trayectoria artística, alguna de ellas fueron el modelo del monumento de Sixto Marco de 1999, a quien conoció y respetaba muchísimo; el modelo de la cabeza de Miguel Hernández que realizó para Albatera; el modelo del Ternari para Elche de 2004; la cabeza del Monumento de la Plaza de España de 2012 -que es la que custodiamos en la Casa de Cultura-; el modelo del Monumento al Menaor de 2012; la cabeza del monumento a Jaume II de Crevillent de 2012; el modelo del Monumento al Espardenyer para Elche de 2003 o el Ángel con la Palma para la Plaza de la Glorieta en Elche de 2006. Una exposición que recuerdo por el marcado componente estético que impregnaba cada una de sus obras. Este año teníamos prevista una exposición en la que comenzamos a trabajar pero las circunstancias de la COVID nos obligó a posponer. Aprovecho estas líneas para indicar nuestro deseo de realizar en el futuro una muestra que sirva de homenaje y recopile su obra.
Además de esta antológica, trabajamos juntos coordinando varias acciones de la colección “Grandes de la familia” y talleres de escultura, así como en los últimos encargos realizados para el Ayuntamiento de Crevillent, en julio de 2019: el busto del Canónigo Manchón y el busto del laureado Francisco Mas Aznar.
Creo que para muchos de los que hemos seguido muy de cerca el desarrollo de su arte, además de valorar su dedicación al mundo artístico, coincidimos en considerar que fue un hombre que vivió como quiso y que luchó por un mundo más justo e igualitario, participando y divulgando su discurso en el que la mujer debía tener un papel relevante. Repetía frecuentemente que “el mundo tiene que estar dirigido por las mujeres”. Recuerdo de hecho una de las frases que escogió para la exposición y que grabé en mi retina al leerla: “imaginemos un mundo dirigido por nuestras madres”. Muy comprometido con la igualdad de género y empático con las injusticias, en este sentido me gustaría resaltar su gran calidad humana puesto que siempre tuvo unas palabras de aliento y apoyo ante situaciones difíciles, en las que me animó a seguir adelante.
Hombre dedicado al arte, el tesón que suele acompañar a los buenos artistas lo llevaba hasta límites insospechados. Siempre tenía en mente proyectos futuros y te hacía partícipe de cada uno de ellos. En ocasiones se trataba de proyectos muy ambiciosos, como el “Taller de agua” con grandes esculturas monumentales en las que ponía de manifiesto el binomio tierra-agua. O el proyecto al que él mismo llamaba “Grandes de la familia” en el que trabajó en los últimos años y que hubiera continuado, sin duda. Otro de sus últimos trabajos, con el que tenía una gran ilusión, era el Monumento a la Semana Santa de Crevillent, cuyos bocetos mostraba con especial orgullo.
Oírle contar el nacimiento de una obra mientras la estaba ejecutando, o lo que con ellas estaba tratando de expresar, era una experiencia especial. Él mismo era la naturalidad hecha persona y jamás pudo ver nadie en sus palabras un asomo de vanidad o presunción, antes al contrario, lo hacía siempre con modestia y humildad.
Fue una persona especial: sencillo y humilde, amante de su familia y amigos, comprometido y generoso, además un artista original y libre. A Miguel le gustaba recordar esta cita de Albert Einstein “en tiempos de crisis, las emociones son más importantes que los conocimientos”, y emocionar era uno de los objetivos de su arte, emocionar y que se transmitiera su amor por la vida.
En una de las entrevistas que se le realizaron, a la pregunta de cómo le gustaría que le recordaran él respondió como “una buena persona que bailaba bien”; por este motivo finalizo como he comenzado, esbozando una sonrisa recordándole con la sonrisa que le caracterizaba.
Esperamos que Crevillent sepa honrar su memoria y noticias como la propuesta por parte del Ayuntamiento, de dedicarle una calle, se lleve a cabo, al igual que la creación de un espacio en el que se custodie parte de su legado artístico para el disfrute de todos, en especial del pueblo que le acogió.