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La pasaeta: José Alfonso, el Tío Toret

PESETAVolviendo a los personajes crevillentinos evocados por mis recuerdos me viene hoy a la mente el “Tío Toret”, cuyo nombre era José Alfonso Egea, personaje muy conocido en Crevillent y en las poblaciones cercanas. Se desplazaba con un armatoste que llamaba mucho la atención. Aquello era una bicicleta corriente a cuyo lado derecho llevaba adosado un artilugio ideado por él mismo y confeccionado por el “Tío Jaume” el de les bicicletes, con forma de sidecar o de barca y con una rueda incorporada. Allí llevaba toda la mercancía que iba vendiendo y que era de amplísima variedad: desde gafas para la vista, pasando por agujas, botones, hilo “de filaó” muy apreciado por esta zona, esterillas de pleita, peines, hasta piedra y mecha para los mecheros.

En general artículos de poco valor. Iba por las calles y los mercados de las poblaciones pregonando sus artículos, habitualmente novedosos para nosotros los jóvenes crevillentinos. Recuerdo la alegría que sentíamos cuando lo veíamos por alguna población cercana a la nuestra, ya que por nuestra afición al ciclismo también hacíamos rutas por esos pueblos y coincidíamos con él en ocasiones. Al regreso lo comentábamos: “Haveu vist al Tío Toret, estava per Torrevella….”, maravillándonos de que una persona de su edad fuera capaz de llegar tan lejos con esa carga y por aquellas carreteras de la época. En una época en que no había comercio extendido por las poblaciones como actualmente, la labor del buhonero era muy apreciada por la gente, ya que los artículos que pudieran hacerte falta venían a ofrecértelos prácticamente hasta la puerta de casa.

Por último, quería hacer referencia a la expresión que dice: “te vas a enterar de lo que vale un peine” para cuya explicación existen varías teorías, en este caso me quedo con la de que, por aquella época los peines se hacían con materiales de gran valor como nácar, carey o plata y por ello una de las piezas más caras que llevaría un buhonero entre sus productos fuera seguramente uno de estos peines. Aunque nuestro humilde personaje de hoy probablemente los llevara de madera o de hueso. Sirva este escrito como homenaje a la figura de este crevillentino y de esta antigua profesión, y ya puestos también a la moneda con que se pagaban aquellos artículos: nuestra querida peseta.

Joaquín González Durán. Miembro de El Cresol

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