Aunque ya hace más de una década de su último día de servicio, son muchísimos los crevillentinos que aún recuerdan a este crevillentino enfundado en su traje de policía municipal. Su delicada sonrisa, sus ojos rasgados y su cariñosa forma de hablar, siguen siendo seña de identidad a sus 79 años, “para 80”, apunta el cabo José Penalva Galipienso.
Hoy ha acudido a la inauguración de la nueva sede de la Policía Local, situada en la carretera de la Estación. “Muy lejos para el ciudadano que tenga la necesidad de acudir al retén”, apunta reflexivo. La cercanía ha sido siempre su “máxima” como agente de la autoridad. “Echo mucho de menos no poder ayudar a la gente cuando lo necesita cómo hacíamos cuando estábamos en activo”, asegura mientras acaricia la aguja de su corbata, un recuerdo con el emblema de la Policía Local.
“Si eres guardia es porque tienes claro que estás aquí para prestar un servicio a los demás. La función de la Policía Local me ha gustado siempre”, añade, a la vez que afirma: “Sigo emocionándome cada vez que veo pasar un coche de la Policía Local y ya llevo 14 años jubilado”. Aunque la ubicación no es de su agrado, “las instalaciones que he visto son de primera categoría. Esto parece la Policía de Nueva York. Nosotros sólo teníamos una pequeña habitación en el Ayuntamiento -cuando entras a la derecha- y allí tramitábamos las denuncias, almorzábamos o comíamos”, asume nostálgico este cabo que hizo 35 años de servicio.
“Yo hacía de guardia, de bombero y de conductor de ambulancia. Todavía recuerdo cuando para buscarme lanzaban tres cohetes y yo salía rápidamente a por la ambulancia. Esa era la señal y cuando había fiestas el cohetero sabía que podía lanzar dos o cuatro o más, pero nunca tres, porque esa era la alerta para llamarme cuando había un accidente.
Con esta ambulancia, que era de la Diputación, se cubría desde Elche a Callosa”. Y en sus inicios, hace casi 50 años, “sólo teníamos una vespa para los 14 guardias que éramos. Luego la Caja nos compró un Seiscientos”. Compartió servicio en sus inicios con “amigos como Saturnino Mas, José Quesada, Alejandro Candela Sol, Antonio Poveda Tormos, Manuel El Veja. En la Policía he pasado casi una vida y echo de menos mi trabajo y a mis compañeros, el no poder ayudar a alguien cuando te necesita”.