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Hoy no perdemos las amistades: Mi amigo y maestro Joaqui El Carafal

Recuerdo aquel día, el de la foto, como si fuera ayer, pero más de ocho años la contemplan ya. La alegría fluía como un río de paz y tranquilidad. Sin prisas, sin quebrantos. Entre chascarrillos, chistes y pasaetas, disfrutábamos de una tarde de Castell Vell como, por suerte, vivimos muchas otras. Caía la tarde y me dijiste que te acompañara a “collir unes fabes”. Entonces preparaste el gesto para decirme, con cierta solemnidad: “Vicente, ahora sí vas a saber lo que es la felicidad. La familia es lo principal de la vida. Adelante”. Hacía un par de horas te había comentado que iba a ser por primera vez padre. Ya no dijimos nada. La noche cayó. Un amanecer, ocho años más tarde, regresé a tu querida Canyà dels Carafals. Sabía que el momento tendría que llegar algún día. Y así fue. Ese domingo te vería por última vez, pero antes de que nos dejaras quería, necesitaba, hablar contigo. Y así hice…

Querido amigo Joaquín,

Nunca te he preguntado por qué no dices adiós cuando te despides. Quizás es que nunca lo haces, sin más. Dicen por ahí que los pastores viven libres en el tiempo. Puede ser eso, porque es cierto que no te considero esclavo de nada, mucho menos del tiempo. Y te escribo esta carta utilizando el presente porque acabo de hablar contigo por última vez, y hoy, ni tú ni yo nos hemos despedido…

Desde tu hogar en donde desemboca el Barranc Fort y sin que esto suene a despedida, pues la huella que dejas siempre quedará grabada en esta Tierra, te ruego me permitas hablar de ti, mas sé que tu humildad no me lo concedería.

En este mundo has sido hijo, padre, esposo, abuelo, hermano, amigo, pastor, ganadero, currante, empresario y escritor. Curioso hasta no tener fin, amante de tu pueblo, de sus gentes y tradiciones. Por costumbre bondadoso, pacífico y risueño. Aunque también gastas tu genio. De la chanza has hecho arte, del respeto has sido dueño. Has vivido alejado de la envidia y mostrado en tus ojos la ilusión de un niño. De firmes convicciones y seriedad cuando la ocasión lo requiere. También dulce y tierno. Cariñoso, cercano. Contigo se puede hablar de todo. Y escuchas paciente, atento, discreto. No sueles dar consejo, aunque si debes hacerlo lo practicas con sosiego. Más que aconsejar, das ejemplo.

Y eres un gran contador de historias, de pasaetas, para grandes y pequeños. Vicente y Yago no dejan de repetirme: – Papá, cuéntanos un cuento, pero de los de Joaqui el de la Sierra… No quieren saberse de superhéroes o villanos extranjeros.

A tu manera, y con tus profundos conocimientos, amas tu tierra, su cultura e historia, aunque no pudieras casi pisar el colegio. Has apoyado a tu pueblo y por eso siempre sientes orgullo cuando te llaman “cresolano” o escritor de nuestro periódico del pueblo.

Tienes 77 años. Y de ellos, todos, has estado íntimamente ligado a tu Sierra. Primero como pastor y ganadero. Después como agricultor en tu Canyà dels Carafals. Hace no mucho me decías que al no poder ya recorrer sus montañas y riscos, por sus ramblas y “costeras”, cerrabas los ojos y ahí estaba todo, con pelos y señales. Recordabas cada rincón, cada piedra, cada árbol, cada senda. Y te explayabas en cada recuerdo, en cada camino, en cada tiempo…

La Semana Santa y el Rosario de la Aurora, cofradía de la que eres vicepresidente, han sido tus pasiones, junto al ciclismo, presidiendo durante una década el Club Ciclista Crevillent y subiendo puertos de montaña que algunos profesionales ni siquiera han podido: Alpe D’Huez o Tourmalet, incluidos.

En cuanto a las cofradías, has sido cofrade de El Prendiment, donde hace unos años recibías un merecido reconocimiento por tu trabajo y apoyo incondicional. Y donde hasta ayer mismo acudías a las reuniones para preparar los actos de nuestro 150 aniversario, aportando la necesaria experiencia que requieren estas actividades.

También has estado siempre al lado del Traslado al Santo Sepulcro, el Cristo de El Perdón y de la Buena Muerte y el Santísimo Cristo Yacente, cofradías con las que participabas activamente.

Junto a tu amigo Santiago, has imprimido luz al Rosario de la Aurora, siendo uno más en cada uno de los actos, disfrutando de los madrugones y de las numerosas iniciativas que han potenciado en los últimos tiempos esta celebración tan crevillentina.

Como miembro de la Tertulia Artístico Literaria El Cresol has publicado tus artículos en la revista Harmonía sobre la historia de Crevillent y de sus gentes. Además, has sido colaborador habitual de tu periódico, El Periòdic del Poble, donde has ensalzado la memoria de numerosas personas que, de otra manera, hubieran quedado en el olvido. En tus textos has recordado a familias de antiguos ganaderos de Crevillent, a la Tía Tereseta, a Vicente Martínez «El Cacharrero», a Antoniet «El Cañahueco», a Antonio Penalva o a Juanico «El del carro del hielo», por citar unos pocos.

En el terreno empresarial, la primera de las empresas que fundaste fue Adetex y en los años posteriores otras como Comercial Látex SL, Gondur SL, Viscodescans SL y Plantillas Ortopédicas SL. Has colaborado y apoyado económicamente numerosas iniciativas culturales y sociales, entre las que se encuentra esta publicación. Mi agradecimiento a ti como impulsor de este periódico siempre ha sido personal, pero hoy también quiero que sea público. Sin ti nunca hubiera visto la luz esta iniciativa. Tú fuiste el primero y el que más me animó a poner en la calle un periódico para todos los crevillentinos. Y, además, aceptaste mi petición, no sin algún que otro pero… Recuerdo que me decías:  – Si yo casi no he pisado la escuela, ¿de qué quieres que escriba? Yo no dudé en reclamarte el primero, el segundo, el tercero… de tus artículos…, el que hace cincuenta. Tenías tanta sabiduría por compartir, tantos conocimientos, tantas “historietas”, que ahora hace un año presentaste tu primer y merecido libro: «Pasaetes del poble», en el que se recogían todos los artículos publicados a lo largo de tu extensa trayectoria. Recuerdo tu emocionada sonrisa de aquel día. “Ara ja està”, me dijiste, “tengo hijos, nietos, he plantado cientos de árboles… sólo me faltaba el libro”. En el acto, familiares, amigos y numerosos miembros de la cultura y la sociedad crevillentina, te brindaron una conmovedora ovación y, tus palabras, nos pusieron a todos la piel de gallina.

Eres, para mí, el mejor contador de historias que conozco, un maestro con escuela aunque casi no fueras al colegio.

Muy de niño cogiste el zurrón y el “gallao” para recorrer tu Sierra. El ganado debía encontrar pasto en las zonas más húmedas y los días se hacían largos sin otro entretenimiento que lanzar algún que otro cantal para marcar el camino. Con lo poco que habías aprendido, la lectura era tu mejor compañera. Y recordar viejas leyendas del bandolero con el que compartías oficio de infancia. La mejor medicina contra el tedio, los libros, los ojos abiertos, la curiosidad, preguntarte por todo lo que presenciabas. Desde el nacimiento de un cabritillo al piar de un colibrí, desde la escena de caza de un águila a las huellas de un jabalí sobre la arena. Trenzando con esparto una nueva correa. Sacando la leche a diario de tus cabras, vacas y ovejas. Así pasaban los días. Así espero que puedas pasarlos siempre.

Gracias Maestro. Nunca te olvidaremos… Y me despido como hace un rato me he despedido de tí: -¿Sabes Joaqui que tenemos nuevos proyectos sobre el uso del esparto de nuestra Sierra? Queremos que tenga su reflejo en el futuro Patrimonio de la Humanidad de la Unesco…

Vicente López Deltell

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