Hasta no hace mucho tiempo, los dos primeros domingos de Pascua tenían lugar en Crevillent unas celebraciones que venían de muy antiguo. Ahora parece que estas tradiciones seculares han decaído o están a punto de desaparecer. Antes, los signos externos, manifestados en público eran muy tenidos en cuenta. Todos los crevillentinos sabían que el tintineo de una campanilla en la calle anunciaba el paso de un presbítero con el Viático. Y que este sonido, escuchado por las mañanas de los dos primeros Domingos de Pascua, pregonaba la proximidad del Sr. Cura, cobijado por una sombrilla grande, de color rojo, llevada de la mano por el presidente de la Mayordomía. Cada vez, iban a un sector determinado del pueblo a dar la comunión a los “Combregats” (comulgantes impedidos). Era tanto el respeto que infundía el Santísimo y la misión que iba a desempeñar -uno de los últimos actos de la vida del enfermo-, que a su paso todo el mundo se arrodillaba.
Como broche a estas entrañables manifestaciones se efectuaba una procesión solemne, que recorría las calles principales del pueblo, la mañana del segundo lunes de Pascua. Festivo en todas nuestras comarcas, por estar dedicado a San Vicente Ferrer, patrón del Reino de Valencia y de la diócesis de Orihuela. Dicha procesión se llamaba “dels Combregats”, porque el Sr. Cura, revestido con terno de gala, iba bajo palio con el copón entre sus manos cubriéndolo con la capa fluvial, para en su recorrido entrar a las casas de personas impedidas, a darles la comunión. (“Combregat”: enfermo de gravedad a quien se le administra la Eucaristía o Viático). Acompañaban al párroco sus dos vicarios, también bajo palio, buen número de fieles alumbrando, los socios de la Mayordomía, autoridades, y para cerrar la Banda de Música. Un volteo general de campanas pregonaba la solemnidad del acto.
Ya que hablamos de tradiciones relativas al tiempo Pascual, recuerdo una bastante ingenua, puesta de manifiesto la mañana llamada entonces Sábado de Gloria. Desconozco el significado exacto de las palabras pronunciadas en su momento; supongo que aludían, de manera un tanto simple, al Sepulcro de Cristo excavado en la roca. Acaecía poco después de las nueve, cuando al entonarse en la misa el “gloria”, un generoso volteo de campanas mudas durante el tiempo de Cuaresma, a la vez que unos cohetes disparados por el Tío Trigo, anunciaban la Resurrección de Cristo. Era el momento esperado por la chiquillería, que provista de piedras gordas, “cantals”, iniciaba su ritual de lanzarlas al suelo gritando: “PUTO FORAT, EL REI DE LA GLORIA HA RESUCITAT”. Salvador Puig Fuentes
