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Historias para contar: La Cooperativa Eléctrica

El que a la denominación de Cooperativa Eléctrica se le añadiera “Benéfica San Francisco de Asís”, daba a entender la ideología de la mayor parte de las personas que la constituyeron en el año 1925. Benéfica, porque aquellos hombres desearon que las ganancias netas que se obtuvieran en el futuro redundaran en obras sociales. Añadir el nombre del santo -en este caso el del patrón de la villa-, venía de una antigua costumbre muy arraigada en Crevillent.

Nuestros antepasados cuando creaban alguna empresa, solían ponerle nombres de santos como implorando su protección para que la aventura que iniciaban tuviera el éxito que perseguían. Así ocurrió en casi todas las sociedades que excavaron en la sierra para alumbrar aguas. Y así pasó con la compañía productora y a la vez distribuidora de energía eléctrica entre 1918-1929, cuyo nombre concreto era “La Popular Eléctrica San José”.

Esta sociedad, conocida como la “Popular”, no pudo resistir la competencia de Cooperativa recién constituida (30-1-1925), siendo absorbida por esta cuatro años más tarde. Los criterios que impuso Cooperativa, comprar energía al por mayor para distribuirla al por menor, desechando el proceso de fabricación, sería la clave del éxito. Precisamente, gestionar producción y distribución fue lo que motivó el fracaso de La Popular, y antes el de D. Antonio Aznar Quesada, el primero en dotar de alumbrado eléctrico a Crevillent a principios del siglo XX. Hombre con gran visión de futuro no pudo llevar adelante su proyecto.

A los problemas inherentes de su motor de gas pobre y a los de la dinamo generadora de corriente eléctrica, se unieron los frecuentes altibajos de voltaje derivados de una deficiente red de distribución. En el año 1920, además de la Popular, había tres industrias: Manuel Magro Hnos., Augusto Mas Quesada, y Pascual Mas Mas (Hilaturas Mas Candela), con producción propia de electricidad, sin la cual no era posible el funcionamiento de nuevos molinos harineros, telares mecánicos, y maquinaria para hilados, respectivamente. Hilaturas Mas Candela, con turnos de trabajo día y noche, fue la empresa que mas perduró con dicho sistema. Incluso años después de adherirse a Cooperativa, sus obreros decían: “Treballe en el Moto”.

Tras estas reflexiones históricas, resulta obvio pensar que los promotores de Cooperativa eran jóvenes industriales con inquietudes sociales. En sus mentes bullían ideas de renovación y progreso. La clave del éxito estuvo en tomar un bien -la energía eléctrica-, indispensable para el desarrollo de su pueblo, y distribuirlo de forma justa y eficaz. Emplearon como primera herramienta de trabajo la democracia en sus asambleas. No hubo, tampoco ahora, discriminación; cada cooperativista un voto independientemente de la energía consumida. Ochenta y nueve años después la generosidad de sus fundadores continua dando frutos cada vez mejores y los crevillentinos se sienten más orgullosos de su “Cooperativa de la Llum”.

Todos conocen sus aportaciones de carácter social, tantas y tan diversas que resulta difícil detallar. Pero sobre todo, las tres obras sociales propias: Museo Julio Quesada, Tanatorio Virgen del Rosario y Residencia de Ancianos la Purísima, pregonan la categoría de la entidad. Sigue Cooperativa cumpliendo la máxima evangélica: “Por sus obras los conoceréis”.

Salvador Puig Fuentes

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