De plantas va la cosa, por Juan Francisco Egea Manchón Naturalista
Cada vez que nos acercamos a nuestro medio natural intentamos disfrutar de todo lo que el entorno es capaz de darnos: aire puro, sol, sensación de libertad y tantas otras cosas que hacen de esos momentos una experiencia inigualable. Lo que más me gusta a mí es contemplar plantas, como ya habréis imaginado.
Últimamente se me van los ojos detrás de las rupícolas, es decir, las que crecen en paredones verticales o en canchales sin apenas sustrato sobre el que asentar sus raíces y que en nuestra localidad conocemos como las rompepiedras.
No vale cualquier tipo de planta, pues podríamos pensar que las de los intersticios del muro que bordea la Rambla de Crevillent se engloban en este grupo, pero no es así al tratarse de simples plantas ruderales que encuentran en esos huecos la humedad necesaria para desarrollarse.
En cambio sí formarían parte del catálogo florístico rupícola de nuestra sierra taxones como Lafuentea rotundifolia, Polygala rupestris, Hypericum ericoides, el helecho Cosentinia vellea y dos en los que me voy a centrar: El Té de roca, (Jasonia glutinosa) y especialmente el Rompepiedras, (Teucrium buxifolium, variedad rivasii). Según el botanista crevillentino Enric Martí Colomer, uno de los referentes en cuanto al estudio de la flora del sureste peninsular y autor de la foto que acompaña este artículo, con el “Té de roca” se prepara sin duda la mejor infusión que hay.
Todo un manjar para nuestras papilas gustativas y con múltiples propiedades medicinales. Poseen estas plantas una adaptación morfológica a terrenos verticales, incluso a los extraplomados a través de unos órganos especiales que les posibilitan recurvarse hacia la pared apenas brotan las primeras hojas verdaderas tras la germinación.
La espectacularidad que transmiten no está dada por su tamaño, ya que tienen unas dimensiones muy reducidas, sino por el hecho de agarrarse a la vida introduciendo sus raíces a través de las mínimas grietas del farallón que generalmente está orientado al sur o el este.
Además, la floración del Rompepiedras se queda en la retina de todo aquel que logra llegar hasta sus dominios y contemplar esas flores en forma de tubo, signo distintivo de las labiadas a la que pertenece, al igual que el tomillo o el romero. Así que ya sabéis; cada vez que planifiquéis una ruta por nuestra sierra no olvidéis fijaros en la plantas que crecen en esos sitios a veces bastante accesibles.