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El Archivo Municipal recuerda la contratación de un nuevo médico por parte del Ayuntamiento hace 151 años

El Consistorio contrató en 1869 los servicios de un nuevo médico cirujano ante los numerosos enfermos pobres de la localidad, muchos de ellos instalados en el antiguo Hospital. Los gastos de mantenimiento eran sufragados por el Ayuntamiento y los donativos de los crevillentinos

Corría el año 1869 cuando Crevillent contaba con 2.100 vecinos o cabezas de familia y 8.223 habitantes, la mayoría dedicados a la agricultura y la producción de esteras, este sector económico cada vez en mayor auge. 

La pobreza de muchos crevillentinos, sobre todo de las zonas de cuevas de Llorens, Planelles o Ángel, y la precaria sanidad pública del momento, comprendía tan sólo los servicios de un médico titular, Joaquín Ruiz Guilabert, un cirujano, Francisco Tarantino Arbolí, y una comadrona, Salvadora Simó, siendo una de sus prioridades atender a los más necesitados de manera totalmente gratuita.

Signatura Nº 1868-1872

El Ayuntamiento, presidido entonces por José Janot, se lamentaba así de la situación que vivía nuestra villa: “la población se hallaba en mal estado respecto a facultativo en medicina y cirugía, pues habiendo uno sólo de aquella facultad, por grandes que sean sus esfuerzos y buenos deseos, no puede atender como debiera a la asistencia de los pobres”.

A pesar de las difíciles circunstancias que atravesaba el Ayuntamiento, Tomás Poveda es nombrado médico cirujano interino, con un salario de 200 escudos anuales a cargo del Consistorio, ya que los sanitarios formaban parte del personal municipal, al igual que, por ejemplo, los maestros de escuela.

El presupuesto municipal ordinario, en el capítulo destinado a la Beneficencia, incluía todos los gastos de los medicamentos para los pobres, que eran adquiridos en las dos farmacias de la villa, la de la calle San Roque y otra en la calle Pelota (hoy Ramón y Cajal); también el presupuesto recogía el salario de las nodrizas dedicadas a la lactancia de niños huérfanos y pobres, así como también el socorro y conducción de transeúntes enfermos, en un antecedente de lo que hoy son los servicios sociales, los cuales se hospedaban en el Hospital de la población, en la actual calle Santa Anastasia, que desde el siglo XVIII albergaba a estos enfermos pobres, cuyos gastos estaban subvencionados por el propio Ayuntamiento.

Para cubrir en la medida de lo posible las necesidades de estos enfermos pobres, el Hospital recibía donativos de los hornos locales, un total de once hornos situados en el casco histórico, además de las calles Pedro Soler, Trinidad y Camposanto, así como parte de las limosnas de los fieles devotos de la parroquia de Nuestra Señora de Belén, todo ello debidamente anotado en un libro-registro por el cura párroco, con el fin de evitar que hubiera ningún tipo de fraude. El auxilio a los más necesitados y otros temas relacionados eran tratados por la Junta Municipal de Beneficencia, formada por el alcalde, el cura párroco, dos ciudadanos y el médico titular. En la actualidad la situación de necesidad de muchos colectivos provocada por el COVID-19, ha recibido la respuesta tanto de las administraciones como de los ciudadanos, al igual que hace 151 años lo hicieron el Ayuntamiento y los crevillentinos con la contratación de más profesionales sanitarios y la entrega de comida a los pobres.

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