Tradiciones, por CRISTIAN CORTÉS RUIZ
El tiempo cuaresmal retorna un nuevo año a Crevillente. Los almendros floridos, el azahar incipiente y el óptimo clima levantino dibujan un paisaje casi primaveral que -en otras circunstancias- aguardaría expectante la celebración de los días santos de la Pasión de Cristo.
En esta ocasión, y al igual que sucedió en el pasado ejercicio, volverán a enmudecer cornetas y tambores; las gargantas de cientos de cantores quedarán ahogadas por las consecuencias de la ingrata pandemia de la COVID-19 que tantas vidas ha segado desde su irrupción. No veremos procesionar las obras escultóricas de célebres artistas, ni quedarán sembradas las vías por la cera de los penitentes.
No obstante, el espíritu crevillentino sigue probando su patente religiosidad cumpliendo fielmente con las seculares tradiciones que preceden a su magnífica Semana Santa. Signos y ritos como el encendido de la Cruz en lo alto del campanario del mercado, la combustión de viejas palmas para generar la ceniza cuaresmal, el piadoso ejercicio de las Cuarenta Horas de San Gregorio o la exposición de la imagen del Santísimo Cristo de la Victoria en el Presbiterio de la iglesia de Ntra. Sra. de Belén, actúan como pórtico esperanzador de una nueva etapa gloriosa para las tradiciones de la localidad.
El pardo residuo de la palmera y del olivo ya espera su bendición para ser depositado sobre las cabezas de la feligresía en el transcurso de las celebraciones a efectuar en la jornada del Miércoles de Ceniza. Este año, y al carecer de las palmas secas que otrora acompañaron el festivo discurrir del conjunto benlliurino de “La burreta”, han sido incineradas numerosas ramas de olivo que fueron bendecidas en el Templo de la Santísima Trinidad durante la pasada y atípica Semana Santa.
Antaño, la labor de generar la ceniza cuaresmal en Crevillente, corría a cargo del matrimonio conformado por Dª Eulalia Fuentes Soriano y D. José Burgada Mas. Hoy, D. Mario Ruiz hereda el testigo de aquella práctica con la que se inician 40 días de austeridad y penitencia.
Por otro lado, la costumbre de exponer el hermoso crucificado del imaginero Flotats en el Presbiterio de la iglesia de Ntra. Sra. de Belén fue recuperada por la actual junta directiva Hermandad. El propósito de esta actuación -iniciada en las últimas décadas del siglo pasado- se orienta a meditar profundamente sobre el sacrificio redentor de Cristo a partir de la contemplación de la sublime escultura. Uno de sus principales impulsores fue D. Antonio Borruel Marco, a la sazón, cura-párroco de Ntra. Sra. de Belén.