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Cosas de aquí y de allí: películas sobre Jesús de Nazaret

Estamos en el año 0 (menos 7, en realidad) en el Israel pre-sionista, pre-árabe y post-éxodo, e invadido por el Imperio Romano. Un hombre debe afrontar su destino: es el Hijo de Dios y tiene una misión: transmitir un mensaje de su Padre.  Tras meditar solo en el desierto para vencer sus miedos y saber su camino, comienza a explicarle a cuantos se acercan a él, ese pueblo siempre ignorante y cambiante, un mensaje de paz y amor en forma de parábola, para que se entendiera bien. Parapetado por sus doce seguidores, llamados discípulos, debe ir a Jerusalén a encontrarse con una muerte segura, y dolorosa, que conoce previamente y afronta con miedo, pero con una férrea determinación. Una vez ajusticiado de la manera más cruel, en la cruz, resucitará  de entre los muertos, demostrando a todos que su mensaje no estaba vacío, y que todo sobre lo que había hablado era real, revolucionado el mundo y triunfando en él.

No está nada mal como argumento de una película, ¿verdad? A todo eso habría que añadirle que el personaje era hijo de una virgen, que hacía milagros tales como devolverle la vista a los ciegos o resucitar a los muertos, convertía el agua en vino, pero sobre todo, tenía más valor que cualquiera que lo rodeaba. Como si fuera un súper héroe, el tal Jesús, que así se llamaba, hubiera podido tener su propia franquicia de películas, con varias partes y precuela en caso de agotamiento en taquilla de la misma.

Fuera bromas, y disculpadme por adelantado las licencias, vamos a hablar de cine. De películas basadas en tan apasionante persona. Porque en Jesús se puede creer más, menos o nada, ese no es el caso que nos atañe hoy, pero desde luego su figura es de las que merecen películas y películas. Y así ha sido durante la vida del séptimo arte. Como la Semana Santa ya está aquí vamos a analizar algunas de ellas.

La historia más grande jamás contada es de las más flojas. La categorizaría entre las que no aportan nada nuevo a la mera catequesis. Mucho sermón, diálogos sacados directamente del Nuevo Testamento, personajes místicos e inhumanizados… dirigida por George Stevens, autor de una de las tres películas por las que se recordará a James Dean, Gigante, aunque como curiosidad podríamos decir que algunas escenas las rodó David Lean. Tiene una música bastante buena, quizá lo mejor de la cinta, y su protagonista es Max Von Sydow, actor todavía en activo, recientemente nominado a los Oscar por Tan lejos, tan fuerte. Entre los inevitables cameos de este tipo de películas nos encontramos a Telly Savalas, Sidney Poitier, Angela Lansbury o el mismísimo John Wayne, por citar algunos. Es algo larga y aburrida.

Rey de reyes no es mejor. Otra película poco original y sin gracia. Rodada en España, es una de las tan cacareadas producciones que Samuel Bronston (siempre se mencionan Doctor Zhivago, 55 días en Pekín y La caída del Imperio Romano). Como Jesús, un guapo actor que no ha pasado a la posteridad, Jeffrey Hunter. En la versión original el narrador fue Ray Bradbury, aclamado escritor de entre otras Farenheit 451 o Las crónicas marcianas. Mera curiosidad. Y en cuanto al director, Nicholas Ray, que pasará a la posteridad por ser el responsable de esa maravilla llamada Rebelde sin causa. El amigo James Dean vuelve a salir a  colación, aunque su persona no tuvo mucho que ver con Jesús. Desde luego, un Jesús hecho por él hubiera quedado algo raro.

Jesús de Nazaret es muy pero que muy larga. Se trata de un telefilm exhaustivo. Dura unas seis horas y se recrea en los mínimos detalles. Pese a todo me encanta. Es uno de los que mejor traslada al espectador a la época, y pese a que también sermonea que da gusto, creo que se trata de la película definitiva sobre Jesús. Desde su anunciación hasta su resurrección. Correcta y bien dirigida por un italiano, Franco Zeffirelli, realizador muy vinculado a la ópera, y con un reparto internacional, encabezado por un desconocido inglés, al menos en las Españas, Robert Powell, como Jesús, y con un montón de actores europeos, entre los que se encuentra Fernando Rey. Recuerdo cuando la vi por primera vez, en el colegio. Tendría diez años y nos la pusieron en religión durante no sé cuántos días. No quiero obviar el hecho de que en los títulos de crédito aparece como guionista Anthony Burgess, el escritor de la novela La naranja mecánica, en la que se basó la famosa película de Stanley Kubrick del mismo título.

El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini, se trata de una película muy minimalista, en blanco y negro, con actores desconocidos y una música absolutamente maravillosa. Basada exclusivamente en el Evangelio que indica el nombre, nos presenta un grupo algo grotesco de actores, de vestuario… llega a rozar a veces el ridículo. La primera imagen de Jesús provoca cierta sonrisa (os reto a que la veáis sin reíros). Los gorros de los miembros del Sanedrín también son de chiste, o los atrezzos en la Crucifixión. Los actores te sacan por completo del concepto de película de Hollywood. Parece hecha por aficionados. Pero, cuando te acostumbras, cuando llevas un rato viéndola, te das cuenta de que estás ante algo increíble. La expresividad de los primeros planos; los monólogos de este Jesús, interpretado, por cierto, por un actor catalán, Enrique Irazoqui, que prácticamente no ha hecho nada más. El Evangelio según San Mateo es cine en estado puro. Con pocos medios, pero todo pasión.

Jesucristo Superstar. Ver esta película es sencillo. Hay que quitar la imagen y quedarse con la música, sobre todo si se ve la versión doblada al castellano: penoso doblaje donde las canciones no cuadran con el movimiento de los labios. Desespera. Jesucristo Superstar no está ambientada. Un grupo de hippies construyen un escenario en pleno desierto y en él cantan y bailan. Su minimalismo va de la mano al de El Evangelio según San Mateo, pero se pasa. Aunque su música… canciones son buenísimas. Puro rock n’ roll, blues… y su versión castellana, destacando su voz protagonista (sí, amigos, Camilo Sesto) está genial. El musical de Andrew Lloyd Webber fue muy valiente. Como cine, no vale la pena contar nada de ella, pero es imprescindible para melómanos. Dirige Norman Jewison, el de El violinista sobre el tejado o el remake de El cartero siempre llama dos veces, dos películas magníficas. Como Jesús, Ted Neeley, del que no podemos destacar una brillante carrera en el cine.

La última tentación de Cristo.  El Cinexín del mes de marzo ha ido dedicado a esta gran película. En mi afán de recomendar cine asociado a la Semana Santa mientras pueda (el año pasado le tocó a la espectacular Espartaco, la mejor de este subgénero),  he querido destacar esta polémica película de finales de los ochenta, aunque su polémica ya está algo desfasada. Digamos que he visto capítulos de Bob Esponja que pueden generar más controversia a día de hoy. Martin Scorsese adaptó para la gran pantalla la novela de Nikos Kazantzakis del mismo título, una visión personal sobre la vida de Jesús, fiel a los pasajes de los Evangelios, más o menos, pero que interpreta los sentimientos más humanos de la persona. Porque se trata de eso: convertir personajes en personas, lo que fueron, gentes que tuvieron dudas, ambiciones, miedos, inquietudes… tanto Jesús como sus discípulos. Cinematográficamente es impecable. Tiene un dinamismo marca de la casa scorsesiniana, una música étnica, compuesta por Peter Gabriel, impresionante, un vestuario diseñado con mucha atención al detalle. Destaco la escena de las bodas de Canaá como la que más me gusta. Las vestimentas de los novios, los diálogos, pero sobre todo, la resolución final: el travelling frontal con Jesús brindando, media sonrisa en su rostro. Por cierto, Willem Dafoe lo borda. Es imprescindible.

La pasión de Cristo: El amigo Mel Gibson hizo una película increíble. Muchos son los elementos destacables. El primero, el que más me llama la atención, es la valentía a la hora de rodar en los idiomas originales de la historia: arameo y latín. Sí, la película es subtitulada. No existe una versión doblada, pero, ¿cuántas ocasiones tenéis de ver una película en arameo? No me seáis perezosos. La segunda curiosidad a destacar es su extremada violencia. Las escenas de la flagelación son durísimas, así como las del resto de la Pasión. He dicho durísimas, y creo que me quedo corto. Por lo demás, la historia es fiel a los Evangelios, aunque está basada en las supuestas visiones de una monja, Anne Catherine Emmerich (1774-1824). De todas formas, Mel Gibson interpreta, y cuenta la historia de manera que nos llega a hacer sentir culpables de lo que le está pasando a este hombre. Jesús, interpretado por Jim Caviezel, es un personaje amable, cercano. El más humano de todos los analizados junto al de Willem Dafoe, pero mientras aquel era un guerrero, este es una persona más cercana y afable. La Pasión de Cristo sería a mi gusto, modesto e indocumentado seguramente, la mejor de todas las adaptaciones de la vida de Jesús. Técnicamente, por lógica, ya que es la más moderna. Por su atrevimiento, porque interpreta en lugar de ser un mero vehículo para narrar los Evangelios, por su estructura narrativa, que mezcla la historia con flashbacks, y por sus interpretaciones. Soberbias. No olvido su música, y por supuesto, su imprescindible violencia, el gran reclamo de la cinta. Quiero destacar la escena de la flagelación, por su crudeza, y por el final de la misma, con esas mujeres limpiando la sangre del suelo.

La vida de Brian, de los Monty Python no va exactamente de la vida de Jesús, pero sí de un alter ego contemporáneo, cuya existencia discurre en paralelo. Poco puedo decir de posiblemente la película más graciosa de la historia del cine. Sus gags son antológicos. Quizá sea la que mejor recrea la realidad social de la época que le tocó vivir a Jesús, con sus grupos antirromanos y la lucha contra el Imperio, factor clave éste para entender por qué fue crucificado. Pero quiero resaltar el mensaje de su final. Porque Jesús, persona o personaje de cine, hijo de Dios o no, murió en la cruz para que todos fuéramos mejores, o eso cuenta el Evangelio, y  los geniales Monty Python hacen suya esta esencia  y la transcriben al lenguaje que mejor se les daba: el humor. Porque Jesús también hubiera podido cantar aquello de Always look on the wright side of life, es decir, siempre buscar el lado bueno de la vida, porque otras cosas a veces ya son otras nueces, que este bacalao es digno del mismísimo Jehová, y que bienaventurados los queseros, aunque se referirá a todos los fabricantes de productos lácteos. Que una sonrisa vale un mundo, que ya está la vida llena de sinsabores. Que disfrutéis de Semana Santa, los que os guste, y a los que no, aplicaos el mensaje de los Python.

José Javier Martínez Blaya

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