A pesar de que la sierra de Crevillent nos ofrece una imagen majestuosa dando la impresión de que su imponente mole siempre ha estado ahí como una barrera infranqueable, en realidad, no siempre ha sido así. Hay que remontarse unos cuantos millones de años para ver un paisaje radicalmente distinto al que vemos hoy, en el espacio que actualmente ocupan Crevillent y las comarcas del sur de Alicante y que nunca hubiéramos reconocido.
Hace algo más de 200 millones de años, antes incluso de que las rocas de la Vella, el Puntal y San Cayetano se formaran y se depositaran en el fondo del mar, lo que actualmente es la Península Ibérica formaba parte de la masa de continentes conocida como Pangea. Buena parte de la Península Ibérica estaba emergida, es decir, no estaba cubierta por el mar, y la única línea de costa se situaba hacia el este. Por tanto, el espacio en el que hoy está Crevillent venía a situarse, en una zona cercana a la costa. Los geólogos señalan que grandes ríos surcaban la península y venían a depositar sus sedimentos en las áreas costeras, más llanas, donde aproximadamente se ubicaría el espacio geográfico aproximado coincidiente con Crevillent y Alicante.
Es así como se fueron formando los materiales más antiguos que hoy podemos encontrar en nuestra sierra: las arcillas de la cantera de Candela, o los yesos de la Lloma Blanca y dels Brufaus, unos y otros, arcillas y yesos, curiosamente, explotados desde décadas atrás para ser empleados como materiales de construcción. Esas arcillas y yesos son los materiales más antiguos que hoy podemos encontrar en la provincia de Alicante, con una antigüedad superior a los 200 millones de años. Cifras que “marean”, pero en nada comparables a los 4.600 millones de años de antigüedad que se le atribuyen al planeta Tierra.
La sierra de Crevillent, estudiada desde hace más de 100 años por geólogos y paleontólogos de prestigio, cuenta incluso con tesis doctorales que se han ocupado de su historia geológica, como la defendida en el año 2003 por el geólogo J. E. Tent- Manclús, en la Universidad de Alicante. Gracias a estos trabajos, impulsados con fuerza por Jiménez de Cisneros ya a principios del siglo XX, hoy podemos conocer muchos detalles sobre su historia.
Recientemente, mientras desarrollábamos nuestro proyecto de prospección geoarqueológica para el sur de Alicante, en este caso en torno al área de la Moeixa y también en las inmediaciones dels Brufaus, dimos con unas estructuras sedimentarias muy características y significativas que nos hablan de esos primeros momentos, cuando aún no existía la sierra. Se trata de unas formas fácilmente identificables que los geólogos suelen describir bajo el término inglés de ripple marks, y que, preferimos llamar “rizaduras de oleaje”. Son exactamente las rizaduras u ondulaciones que hoy mismo podemos ver en la playa, tanto en las dunas fuera del mar, formadas por el viento, como dentro del agua, en el fondo de arena sumergido, muy cerca de la orilla y apenas cubierto por unos centímetros de agua. Solo que las que hemos documentado en la sierra son de hace más de 200 millones de años y han quedado preservadas bajo los sedimentos, gracias a lo cual se han conservado hasta la actualidad.
La formación de estas rizaduras nos indica que en aquel período geológico, conocido como Triásico (superior), nuestras comarcas estaban cercanas a la costa y seguramente cubiertas por finas láminas de agua, aguas poco profundas que permitieron que se formaran esas ondulaciones. A su vez, la presencia de finas capas de yeso cubriendo esas rizaduras (fig. 6) indica que muy probablemente las lagunas se iban desecando, haciendo precipitar al yeso que formaba esas finas capas, ayudando a preservar hasta nuestros días esos rizados tan característicos.
La información que nos dan es de gran valor puesto que nos permite aproximarnos a una reconstrucción del antiguo paisaje que existió aquí hace más de 200 millones de años. Un momento tan antiguo que para la sierra de Crevillent no se conocen fósiles.
Sin embargo, resultado de estos trabajos que venimos desarrollando, hemos podido identificar algo realmente sorprendente, tanto o más que las rizaduras que hemos descrito: en ellas llegamos a observar unas galerías muy características que, si bien no contienen organismos fósiles, son, aunque indirectas, las primeras evidencias de vida que hubo en esta área hace la friolera de casi 220 millones de años (fig. 1). Esas galerías se debieron muy probablemente a organismos invertebrados de hábitos excavadores que iban dejando pequeñas galerías en las arenas, rizadas por el efecto del empuje del agua y del viento, en un mar somero y de lagunas poco profundas que cubrían nuestras actuales comarcas. Son las primeras evidencias conservadas de vida en la localidad de Crevillent, cuando aún no existía la sierra de Crevillent.
Los resultados de los trabajos se han dado a conocer en la revista de la Festa de 2019, y, una versión más extensa constituye una de las colaboraciones científicas que engrosarán el volumen editado por el Ayuntamiento que, en unos meses, contribuirá a recuperar del olvido la figura y la labor del paleontólogo Daniel Jiménez de Cisneros y Hervás.
Por Fco. Javier Molina, Ana Satorre y Daniel Belmonte