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Perdemos las amistades: Dos neveros tiene mi sierra

Aviso: esto no es ciencia. Aunque realmente, ¿qué es ciencia? De todos modos, no es mi intención sentar cátedra. Ni siquera conservar amistades. El presente artículo es para los que creen en el ser humano como tal y para los que aún siendo tan complicada esta vida siguen teniendo espíritu de niño cada vez que suben a su sierra… Ese lugar donde muchos de nosotros queremos acabar tras ser materia. Es absolutamente objetivo e histórico que en Crevillent había neveros.

nev1 En concreto, el colaborador de este periódico, el investigador Salvador Puig Fuentes, habla en el número de mayo de 2012 de la existencia de documentos que lo reflejan. Uno es de 1767 y habla de un “pozo de nieve sito en la umbría de Catí”. Ya me atreví a decir sin temor a equivocarme que una construcción hallada por el grupo Amigos de la Montaña de Crevillent –sociedad de la que formo parte con orgullo–, cerca de la Vella y en la cara norte de nuestra sierra, podría perfectamente ser el nevero referido. El grosor de sus muros, su ubicación y su aspecto, evidencian que no es un gallinero, como a mi entender otros erróneamente han apreciado. Sí es cierto que aquella construcción sirvió de corral hasta que se abandonó hace unos 50 años, pero también lo es que el nevero de esta zona dejó de utilizarse para almacenar nieve a mediados del siglo XVIII, según los documentos referidos ya. Y para rebatir la teoría de que se construyó originalmente como corral sólo apelo al sentido común que otros evidencian no tener y que, apuesto, nuestros antepasados sí tuvieron: “¿Construirían ustedes un corral con un muro de piedra de un metro de grosor?” Habría que proteger a las gallinas de lobos o zorros, quizás de linces, pero hasta dónde me llega el cononocimiento, en nuestra sierra no había osos en aquella época… Según Puig, en un informe del administrador del Marquesado, redactado en 1784, se cita la existencia de un nevero, probablemente el segundo, en el Pago de Catí, en un terreno perteneciente al “Primonio de la Casa de Arcos”. De todos es conocido que el actual paraje de San Cayetano y su ermita serrana, propiedad ahora municipal, lo fue en su día de los Duques de Arcos. Pues bien, en terrenos cercanos a este lugar y a la cuesta de Catí, en lo que perfectamente podría denominarse “pago” (distrito determinado de tierras o heredades, especialmente de viñas u olivares), el mismo grupo de amantes de nuestra sierra ha hallado el que podría ser ese segundo nevero. Es otra construcción robusta situada donde no da el sol, con un muro de cerca de un metro de grosor, de piedra, con puerta. Tampoco está rematada, como la de más arriba. Su techo caería hace siglos. Si esto no es un nevero, tiene toda la pinta. Lo dice la arquitectura del elemento, pero también los documentos. Lo dice el sentido común. Y lo digo yo, junto a sus descubridores, José Antonio Ponce y Vicente López Mas (mi padre). Y cómo el que descubre una estrella, Ponce y López han puesto el nombre de sus seres más queridos a estos neveros. El primero, situado en lo alto de Catí, es ahora el de Nieves. El segundo, más abajo, en el “Pago de Catí”, es el de Marisa. ¡Enhorabuena! por el descubrimiento y por darle nombre. Colón se quedó a medias. Tuvo que ir Américo Vespucio para nombrar nuevo Continente. Y muchas gracias por haberme enseñado a sentirme amigo de nuestra gran montaña.

Vicente López Deltell

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