El otro día al llegar a casa sorprendo a mi hijo mayor con un muñeco de Spiderman subido a un taburete de plástico y todo ello sobre el hombro. Marcaba el paso que su hermano pequeño le ordenaba con un timbal imaginario. De repente, Vicente deja caer el “trono”… “Ja, ja, ja”, comienzan a reír. “
¿Pero y eso, a qué jugáis?”, les pregunto. “Papi, Yago toca el tambor, yo soy el agarraó y se me cae el paso, como la Virgen de Alicante”, refiriéndose a la Dolorosa de San Vicente del Raspeig, que este año sufría un tremendo “susto”. No pude contenerme y comencé a partirme de risa. Qué imaginación tienen los nanos. Y todo lo hacen sin maldad. Qué bonita es la infancia. Se hacen juegos hasta de cosas que, para los mayores, son pesadillas. Y es que un día antes había repetido uno de los peores sueños de mi vida. Los costaleros perdíamos el control del paso en plena Bajada del Calvario y lo hacíamos añicos… Prefiero no mentar de qué paso se trataba, seguro que entienden la razón. Buuuuffff, qué mal rato. Vaya un despertar… Poniendo una visión al lado de la otra me quedo, sin duda, con la de mis hijos. Ellos sí saben lo que es la vida. Vicente López Deltell