De plantas va la cosa, por JUAN FRANCISCO EGEA MANCHÓN
Para los que somos alérgicos al polen el otoño es un pequeño segundo suplicio, tras el sufrido en la primavera.
Desde principios de octubre la omnipresente Salsola oppositofolia, comúnmente llamada sosa, hace de las suyas enviando a la atmósfera millones de diminutas partículas que en muchos casos acaban en nuestras fosas nasales y ojos. (Yo personalmente suelo padecer dermatitis atópicas en esta época, con habones que pican lo indecible). A no ser que uno tenga un antihistamínico descongestivo que sea efectivo lo pasa realmente mal.
Estoy hablando de la mata que hay camino de Elche a ambos lados de la carretera, justo antes de llegar a la autovía. (Aprovecho para decir que lo que vemos de colores muy llamativos, rojos y blancos, no son en realidad las flores sino unas alas que se desarrollan cuando está comenzando a madurar la semilla, ya que las flores, que son diminutas, nacen en las axilas de las hojas y apenas son perceptibles).
Otras plantas también tienen incidencia polinizadora, tales como el llantén, los brezos, el ciprés y algunas gramíneas que pueden florecer ahora, incluso el moho, amén de los ácaros del polvo, que en esta época debido al uso de la calefacción y la menor ventilación del hogar hace que tengan una larga lista de “haters” u odiadores. A finales de septiembre lo hicieron sabinas y arares, pero no suelen ser muy alergénicos al ser pólenes muy pesados.
¿Qué podemos hacer? Pues para las personas con mayor prevalencia de síntomas, mantener ventanas de casa y coche convenientemente cerradas con los filtros de polen del auto limpios.
También debemos evitar los días soleados muy secos con viento de poniente, ya que cuando está nublado o llueve se mitiga mucho la exposición al alergeno.
Por último, es importante lavarse el pelo antes de acostarse. De todas formas solo suelen ser unas dos semanas y con estas sencillas normas aminoraremos los síntomas y haremos que no nos parezcan dos siglos.