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Nuestro arte: Los Gozos de San Pascual

Los Gozos de San Pascual Bailón son las plegarias que desde el siglo XIX los crevillentinos cantan al Santo enamorado del Santísimo Sacramento. Sería de alabar que en la homilía del Corpus Christi los sacerdotes lo recordasen como enamorado de Dios, al igual que a Santa Teresa, ya que ˝Vivo sin vivir en mí y de tan alta vida espero, que muero porque no muero. Aquesta divina unión del amor con que yo vivo hace a Dios ser mi testigo y libre mi corazón. Mas es mi amor tan fiero que muero porque no muero».

Las estrofas de los Gozos son de gran belleza. Debieron ser escritas a mediados del siglo XIX por algún fraile adicto al movimiento romántico. Hoy lo desconocemos, pero sin duda estaría muy cerca de Espronceda. El romanticismo fue un movimiento no sólo cultural sino social, político y religioso. Influyó en la vida social. Una cosa buena de este movimiento, que aún perdura, son los cementerios acotados en medio del campo. Los románticos consiguieron sacarlos de las iglesias, ya que hasta la fecha se utilizaban los sótanos de las mismas como mausoleos y panteones.

Los Gozos una sucesión de octavillas escritas en versos de arte menor. Riman en agudo cuarto y octavo. Quedan libres primero y quinto. Forman pareado segundo con tercero y sexto con octavo en vez de sexto y séptimo, como se perfeccionó después. Este tipo de composición, las octavillas, son propias de los poetas románticos. Cada Gozo habla de un pasaje de la vida del Santo. Una de las estrofas habla de que su hábito bajó del cielo (igual que a San Ildefonso la Santísima Virgen le entregó una casulla). En otra, se destaca su ascetismo cuando se elevaba para orar. También se refieren los cánticos a la ciencia infusa de la que era dotado: ya lego y doctor. En fin, cada octavilla refleja un aspecto de su vida, pero ninguna habla de cuando pacía los rebaños y de cuando él oraba y los ángeles alimentaban a sus animales.

Como nota curiosa comentaré del Santo una cosa que me contaba mi madre: en la calle que lleva su nombre en Crevillent, hay una casita en la que el Santo descansaba, y en ella había un armario en el que aún están los clavos donde San Pascual colgaba su ropa. José M. Magro Gallardo

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