Tres acontecimientos dignos de reseñar han tenido lugar en Crevillent durante este año 2019: el Ayuntamiento regido por la derecha pasa a ser gobernado por la izquierda, ganadora en las últimas elecciones. En este mes de septiembre, los crevillentinos se vuelcan en homenajear con diversos actos de despedida a D. Miguel Riquelme Pomares que, tras quince años como Párroco en Ntra. Sra. de Belén, el obispo de la Diócesis le traslada a otra Parroquia.
A estos dos acontecimientos de significado relieve, añadimos lo que se ha venido en denominar el episodio de la “Gota Fría”, que sin tener los efectos devastadores para nuestro pueblo que sí ha tenido en la Vega Baja, sí ha causado preocupación en el vecindario y daños graves en nuestras pedanías.
Desde que tengo uso de razón he conocido Ayuntamientos de diferentes colores políticos, desde la dictadura franquista con alcaldes nominados, a los actuales elegidos democráticamente. Creo que todos han intentado gobernar, – con más o menos acierto-, (unos con la razón de la fuerza, los últimos con la fuerza de la razón), buscando el beneficio de los ciudadanos.
Sin embargo, les ha faltado un poco de delicadeza al no dedicar algún elogio a su antecesor, al contrario, les han silenciado; solo han pregonado mejoras -algunas utópicas- para la población. Y como un ciudadano más, deseo decirle al nuevo Sr. Alcalde qué cosas no nos gustan. Creo, por lo que me han dicho, usted conoce bastante bien la ciudad de Elche y, aunque todas las comparaciones son odiosas, convendrá conmigo que pasear por el entorno de la iglesia de San Juan, es una delicia, el antiguo Raval ha quedado encantador. Nuestro casco antiguo ha quedado descuidado. Lo mismo podemos decir de edificios convertidos en solares que afean el centro. Incluso el edificio civil más antiguo, el Hospital perteneciente al patrimonio del pueblo se quiere derribar. Sobre la Sierra, sus minas, pozos clandestinos, la »Sequia», el Depósito y su estado de conservación preocupan. (Volveré a insistir).
Por otro lado, muestras de cariño como las recibidas por el presbítero D. Miguel en su despedida por haber sido trasladado a otra parroquia, son el resultado de la excelente labor efectuada durante quince años regentando la iglesia de Ntra. Sra. de Belén. Con su simpatía y gran trabajo supo ganarse el respeto y admiración de todos los feligreses. Le deseo en su nuevo destino un trabajo eficaz pero algo más sosegado.
Sobre la “gota fría” que ha habido a mediados de septiembre, a Crevillent le ha afectado igual que las anteriores. De antiguo pasaba la Rambla rebosante de agua, los agricultores de las tierras de la Rambleta puestos con botas de goma y un saco sobre la cabeza bajaban a sus fincas para regarlas con el agua de la Rambla. Lo mismo hacían los regantes situados a continuación de las »Boqueras». Sabían que esta clase de agua con sus arrastres de »limos» fertilizaban las tierras. Crevillent, por su situación en un punto elevado con desnivel bastante pronunciado estuvo siempre libre de inundaciones. Otra suerte han corrido nuestras pedanías y la comarca de la Vega Baja, para las que envío toda mi solidaridad.
Por Salvador Puig Fuentes