Periódico plural, gratuíto e independiente de Crevillent

Historias para contar: Antonio el de les barbes

Hay recuerdos encasillados en la memoria, que por el tiempo transcurrido aparecen algo borrosos en la mente, pero sin perder por ello la perspectiva de los hechos. De entre este capítulo de acontecimientos, me viene a la memoria un caso anecdótico sumamente curioso. El hombre al que vamos a referirnos se llamaba Antonio Quesada, pero todos le conocían como “Antonio el de les Barbes”. Recuerdo haberle visto, ya sin barba, trabajando como oficial en la carpintería de Francisco Candela después de la Guerra Civil, por los años cuarenta del siglo pasado. A la vez era delegado del sindicato vertical en Crevillente, función que desempeñaba por las tardes.

El apodo le vino por haberse dejado barba durante los tres años que duró la Guerra Civil, (1936-1939). Hasta aquí nada de particular tendría este hecho a no ser por las circunstancias que lo motivaron y rodearon. Todo comenzó cuando el joven militante perteneciente al bando sublevado participó en el golpe fallido del 19 de julio de 1936 que tuvo lugar a la entrada de Alicante. Aquella tarde acudió con algunos paisanos más, junto a falangistas de la Vega Baja con la intención de liberar a José Antonio preso en la cárcel de dicha ciudad. Cerca ya de la capital,en vez de encontrar partidarios, como suponían, se toparon con los Guardias de Asalto que les obligaron a dispersarse. Viéndose acorralados en la refriega cada uno huyó hacia donde pudo. Antonio, burlando vigilancias se encaminó a la ciudad a buscar refugio donde más seguro podía estar: en Casa de la Pepita. Era un burdel muy conocido sito en calle Virgen de Belén en el casco antiguo de la población.

Allí, por muchos registros que hicieran los milicianos no verían a un joven con barba, ni obtendrían más información que la que quisieran dar Pepita y sus aleccionadas muchachas, pero se marcharían contentos. Pepita, la dueña, debía ser todavía una mujer lozana, él un joven apuesto, de muy buena presencia; probablemente ya se conocían de antes. El caso es que esta mujer le dio cobijo durante los tres años que duró la Guerra y todo un amor que perduró hasta la muerte. Aquella relación, muy mal vista por la sociedad de entonces (incluso por amigos y familiares), la llevaban con discreción. Se veían siempre que podían y continuaron solteros hasta el final de sus vidas. Antonio, que vivía con su madre, murió antes que Pepita. Estando a las últimas de su enfermedad algunos amigos pidieron permiso a la madre para que Pepita pudiera entrar a la casa a dar el último adiós a su pareja de tantos años. Historia de un amor incomprendido y rechazado por la sociedad. Salvador Puig Fuentes

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.