Historias para contar, por Salvador Puig Fuentes
Joan Miquel Tomás dona al Archivo el manuscrito de la Hacienda Municipal de Crevillent (1700-1710)
Estamos de enhorabuena. Es la mejor noticia del año relativa a la cultura histórica de Crevillent. Vaya por delante como crevillentino, agradecer a Bibiana, nuestra archivera, las gestiones llevadas a cabo para ofrecer a Joan las mejores garantías de conservación del manuscrito. Y por supuesto, a Joan Miquel su generosa aportación. No en balde se trata de un grueso tomo que contiene las Cuentas del Municipio relativas a los diez primeros años del siglo XVIII.
Por la lectura de dichas »Cuentas», podemos saber el estado económico y religioso de la villa durante aquel decenio. Contiene una contabilidad sencilla, dividida en dos capítulos, “cargo” (ingresos) y “data” (pagos), en la que figura aparte los “rebuts” o justificantes de los pagos efectuados. Los primeros redactados en castellano, idioma del Señor de la Villa, Duque de Maqueda. Los recibos están en valenciano vulgar, como el que se ha venido hablando en Crevillent, para el buen entendimiento de los ciudadanos.
Respecto de los ingresos cabe destacar el recaudado por el arbitrio de la “pleita”. De los pagos llama la atención el sueldo anual del médico (2.000 Rs), que tenía dedicación exclusiva. De las numerosas aportaciones a la Iglesia y fiestas religiosas cabe destacar: cera para la Candelaria y oficios de Semana Santa, “rebuts” por hechuras del Monumento de Jueves Santo, las palmas, y traerlas, para el Domingo de Ramos, cera para la “celebración y festividad de san Francisco”. Aunque todavía no tiene la denominación de Patrón, el pueblo sí le consideraba como tal.
Un justificante de los gastos habidos en “la festa del toro” en el día del santo, confirma la vinculación de los crevillentinos con el santo de Asís.
En otro orden de cosas, el “Consell de la Vila” tenía presente a los pobres asignándoles limosnas en dos fechas señaladas: Domingo Pascua de Resurrección y el día de Navidad. Para finalizar este breve resumen de gastos, mencionaré uno de vital importancia: el dinero asignado para el mantenimiento del reloj, cuyas señales horarias medían el tiempo de las tandas de riego del agua de la “Font”; no en vano era un bien comunal controlado por el “Consell”.
Como norma establecida para todos los municipios, el “Consell” se renovaba cada año, siendo el Domingo de Pentecostés el día que juraban sus cargos los nuevos “consellers”. Esto significa que la duración del ejercicio contable, no coincidía con la que marcaba el calendario; podía tener según el año, más o menos días por ser la mencionada Pascua fiesta movible.
Con este breve resumen, que nuestra archivera Bibiana Candela Oliver ampliará con más datos mejor que yo, sólo he pretendido exponer de modo superficial una parte del manuscrito que hace veinte años Joan Miquel tuvo la deferencia de enseñarme. Invitado acudí a su casa unas tardes para leer y sacar algunos apuntes por ordenador, (los pocos que poseo). (Gracias, sabes que no son de cumplido, a ti y a Yolanda, tu mujer).
De ahora en adelante, una vez digitalizado el manuscrito, los investigadores podrán estudiarlo detenidamente y al citar la fuente de procedencia pondrán el nombre del donante.