De plantas va la cosa, por Juan Francisco Egea Manchón Naturalista
En mi anterior artículo os comentaba que la primavera era el reinicio de la vida en el jardín y cómo no en el huerto. Esta temporada, por diversas vicisitudes, ando súper retrasado en lo que respecta al cultivo para mi autoconsumo. El año pasado por esta época ya estaba recolectando las verduras de hoja, como las espinacas, los canónigos, la rúcula, las lechugas y escarolas y también los rabanitos. Estamos casi a mediados de abril y tan sólo he comido algunas lechugas rizadas que han crecido por auto-siembra entre las matas turmeras y cebollas tiernas brotadas de las que no cogí el año pasado por parecerme muy pequeñas. Sería muy fácil echarle la culpa a la maravillosa primavera lluviosa que estamos teniendo, pero en verdad es el mantenimiento de las decenas, por no decir centenares de plantas ornamentales que pueblan mis rocallas las que están absorbiendo casi todo mi tiempo. Encima este año voy a trasladar la zona de la huerta a otra parte de la finca que cuenta con un vallado perimetral de tela gallinera porque tengo por ahí sueltos un par de conejitos más listos que yo.
La última cosecha de kale nero de Toscana se me arruinó por culpa de un ataque de gorgojos que no supe atajar, ya que cultivo todo sin pesticidas ni abonos químicos en las plantas que me voy a comer. Por eso estos días ando liado en conseguir un insecticida que sea eficaz y por supuesto totalmente natural. Para tal fin sembré la primavera pasada 4 o 5 plantas de tabaco rubio de Virginia. En dos litros de agua he macerado sus hojas secas desmenuzadas para extraer la nicotina, a las que he agregado laurel, clavo, cayena y ajo finamente picados. Ya os contaré si funciona. De momento, precisamente hoy, he aplicado la disolución sobre unas plantas de dedalera, (Digitalis obscura), obtenidas a partir de semillas recolectadas en la umbría de La Vella y que están siendo atacadas por una colonia de pulgón amarillo. Pero, como os digo, este año me ha pillado el toro. El proyecto de gallinero mucho me temo que tendrá que esperar al año que viene.
He hecho semilleros de muchas plantas. De las que me han germinado, las que más ilusión me hacen son las de unos tomates que compré y que me parecieron maravillosos por su gusto y por ser todo carne, casi sin agua. Pero esto es una lotería, ya que si fueron polinizados por las flores de otra variedad de tomates es posible que no sean igual de buenos. La última vez los cultive sobre el suelo y apenas comí. Este año me dejaré de experimentos y usaré una estructura de cañas, que por algo es como siempre se ha hecho.
Lo que está claro es que para comer hay que trabajar, y este año me da a mi que poco voy a comer de las verduras de invierno. En cualquier caso todavía queda tiempo para las de verano, como pimientos, berenjenas, calabazas, calabacines, melones, la moringa que ya comienza a brotar, etc. Y no os he hablado de los árboles frutales. Aunque aún son jóvenes espero comer un poco de todo. Otro día le dedicaré un capítulo a mi pequeño bosque de alimentos.