Arqueología día a día, por DANIEL BELMONTE MAS y ANA SATORRE PÉREZ
Seis de diciembre de 1914, sierra de Crevillent. El naturalista Daniel Jiménez de Cisneros realizaba una nueva incursión sobre esta alineación montañosa. Habían pasado ya ocho años desde su primera visita. A partir de ese año sus excursiones a esta sierra comenzaban a hacerse más regulares y frecuentes. Aquel domingo de diciembre de 1914, don Daniel amanecía en el pueblo de Hondón de las Nieves, donde había acabado pernoctando tras su llegada desde Elche, no sin pasar antes por Aspe. En esta ocasión había optado por algo que él mismo recomendaría: para reconocer la sierra de Crevillent era preferible comenzar la ruta desde Hondón de las Nieves, por encontrarse este último pueblo a una cota superior, lo que ahorraba fatigas y facilitaba sensiblemente la labor de reconocimiento. Jiménez de Cisneros bordearía la sierra por su extremo nororiental, “en cuyo sitio se eleva una gran masa rocosa, llamada el Peñón de Crevillente”, nombre este último con el que el Puntal es conocido en la comarca vecina. En el descenso desde el Puntal hacia Crevillent, y dando muestras de una notable capacidad de observación, Jiménez de Cisneros identificó aquel día unos “cristalillos de aragonito entre los yesos del Keuper”. Detalles como estos dejan entrever lo minucioso y sistemático que, en algunos casos, llegaba a ser este catedrático que ejercía por entonces, y desde hacía diez años, como profesor de Historia Natural en el Instituto General y Técnico de Alicante -a la sazón el único centro de su categoría en la provincia-.
La referencia de Jiménez de Cisneros al aragonito de la sierra de Crevillent se convertía en la primera cita de este mineral en nuestra sierra. Cinco años más tarde, en 1919, en el primer artículo de la revista Ibérica que Jiménez de Cisneros dedicaba a la “Sierra de Crevillente”, en la síntesis que tras varios años de trabajo hacía sobre ese relieve, volvía a incluir una sucinta referencia al aragonito de Crevillent: “En varios puntos del trayecto se encuentran restos del Triásico (Keuper) formado de margas irisadas, yeso y alguno que otro cristal de aragonito”. Nunca nadie antes, y nadie más después, que se tenga constancia, volvió sobre ese punto para describir ese mineral, que acabó casi cayendo en el olvido, a pesar de ser una de las escasas referencias a la presencia de aragonito en la provincia de Alicante.
Ese mismo año de 1919, Pedro Castro Barea, a la postre catedrático de Mineralogía de la Universidad de Sevilla -y represaliado por el Franquismo pese a su notable trayectoria científica-, en su obra “Los aragonitos en España”, recogía en una breve nota la referencia de su colega Jiménez de Cisneros: “En el último número de la revista Ibérica, aparece un artículo del Profesor D. Daniel Jiménez de Cisneros en que, incidentalmente, cita esta nueva localidad de aragonito… En la imposibilidad material, por falta de tiempo, de inquirir algún dato más sobre los cristales en cuestión, nos limitamos a consignar esta localidad nueva para la especie.”
El aragonito es un mineral formado a partir de los materiales más antiguos de la sierra de Crevillent, hace más de 200 millones de años, en el Triásico
Más allá de alguna otra referencia indirecta, pocos investigadores se han ocupado o han vuelto sobre ese afloramiento de aragonito en la sierra de Crevillent. Ramón Jiménez Martínez, conservador de la colección de minerales del Instituto Geológico y Minero de España y uno de los coautores de “Los yacimientos de aragonito del Triásico español”, en el extenso artículo publicado en 2005, recogía la referencia al aragonito de Crevillent, a partir de la cita de Castro de 1919.
En nuestras constantes correrías de juventud por la sierra de Crevillent, años ha…, fruto de la casualidad y del gusto por perdernos y por perder tiempo por los rincones de esta sierra, tuvimos la enorme suerte de dar con unos cristales de aragonito, casi sin saber que ese punto iba a ser el único identificado en toda la sierra en el que, hace ahora 100 años, Daniel Jiménez de Cisneros ya había descrito la presencia de ese mineral.
Como señala uno de los principales especialistas en mineralogía valenciana, Juan Miguel Casanova, a modo de reconocimiento a la extraordinaria labor desarrollada por Jiménez de Cisneros en estas comarcas: “Los trabajos de Jiménez de Cisneros son la base para conocer la mineralogía alicantina”. El mismo autor refiere que Jiménez de Cisneros “citó por primera vez numerosos de yacimientos minerales de Alicante”, caso éste, precisamente, del aragonito de Crevillent. Sin embargo, concluye también Casanova, a pesar de “las importantes aportaciones que realizó Jiménez de Cisneros al conocimiento de la mineralogía de la provincia de Alicante [éstas] no han sido lo suficientemente valoradas.”
Gracias a esta iniciativa el aragonito de Crevillent está expuesto en algunas de las instituciones de mayor prestigio en nuestro país
Poco más de cien años después de aquella primera y olvidada cita al aragonito de la sierra de Crevillent, hecha por este infatigable naturalista, intentamos recuperar esa localidad dada a conocer por Jiménez de Cisneros, a la vez que reivindicamos, una vez más, la labor de este pionero de la paleontología alicantina. Para ello hemos remitido muestras del aragonito de Crevillent a tres instituciones de referencia que han mostrado interés en custodiar y exponer, en sus colecciones, este mineral: así, desde estas semanas, tanto en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, como en el Museo Geominero del IGME así como en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Valencia, se custodian y exponen muestras del citado mineral.
Más allá del gesto, pretendemos realizar una mínima labor de estudio, caracterización y divulgación a nivel local sobre ese mineral, intentando explicar qué es el aragonito y por qué se puede encontrar en la sierra de Crevillent. Así, los diversos contactos mantenidos con Ramón Jiménez, conservador de mineralogía del Museo Geominero del IGME, se han concretado en la colaboración para la preparación conjunta de un futuro trabajo sobre el aragonito de la sierra de Crevillent y que esperamos pueda ver la luz este mismo año en la revista de etnografía que coordina nuestra compañera Ana Satorre, desde el Ayuntamiento de Crevillent.
Aprovechamos estas líneas, una vez más, para agradecer la colaboración de la familia Jiménez de Cisneros en nuestro empeño por recuperar la labor de este naturalista, así como de las instituciones y personas que nos dan su aliento para mantener el ánimo y la ilusión en esta tarea. Una vez más, sin esos apoyos, hubiera resultado imposible llegar hasta este punto. A ellos va dedicado este gesto con el que se consigue que el patrimonio geológico de la sierra de Crevillent sea conocido en algunas de las más prestigiosas instituciones científicas del país.