Hay siglas que a fuerza de repetirse casi olvidamos su significado. Tal es así que cuando una noticia atrae nuestra atención y se menciona en ella las siglas que tanto nos suenan, acudimos rápidamente a recabar información para tratar de aclarar lo que hemos escuchado.
Hace unas semanas fue noticia la modificación del P.I.B. con la inclusión en él de una serie de actividades que, por lo menos, resultaron un poco pintorescas.
Para entender bien la noticia quise asegurarme de lo que es el P.I.B. Estas siglas significan Producto Interior Bruto. En macroeconomía el P.I.B. expresa el valor monetario de todos los bienes y servicios de un país en un período de tiempo que suele ser de un año. Con el fin de tratar de adaptar estas palabras tan rimbombantes al entendimiento del ciudadano medio, trataré de explicarlo. Espero conseguirlo.
El P.I.B. de la familia de Pepe Pérez es el equivalente a la suma de todos los ingresos que se perciben en el domicilio del ciudadano Pérez durante un año: sueldos, pensiones, paro, intereses de las cartillas de ahorro, regalos de cumpleaños a los hijos, invitaciones a comer de los suegros, premios de la lotería, etc.
¿Qué hace el ciudadano Pérez si con todo el dinero que ingresa (su P.I.B. particular) no puede sobrevivir y se muere de hambre? Pues, sencillamente, trata de conseguir más ingresos por el medio que sea: haciendo chapuzas en casa de los conocidos, limpiando su mujer escaleras o casas particulares, sacando a pasear perros, cuidando fincas, cogiendo caracoles, etc. Todo esto lo hace sin declararlo oficialmente, pues si lo declara no le queda nada para él, ya que tiene que sacarse licencia de autónomo, pagar a una asesoría para que le lleve la contabilidad oficial y otros papeleos burocráticos. En resumen, todo lo que el ciudadano Pérez ingrese por estos trabajos extras no entrará en su P.I.B. particular, por lo que oficialmente seguirá siendo tan pobre como si no los realizara y si necesita pedir un préstamo no tendrá garantías. Además estaría en riesgo permanente de ser inspeccionado por la Agencia Tributaria.
Bien, una vez que hemos entendido, más o menos, lo que es el P.I.B. a nivel de ciudadano, vamos a trasladarlo a niveles de estatales.
Imaginemos al gobierno de la nación en una reunión del consejo de ministros. El ministro de economía suelta de pronto la noticia: si no subimos el P.I.B. por lo menos en un 3% se nos va a ver el plumero y el Banco Central Europeo no nos seguirá prestando dinero. Hay que pensar seriamente en hacer algo rápidamente.
De pronto uno de los ministros hace una sugerencia: ¿Por qué no incluimos en el P.I.B. los ingresos generados por la prostitución, drogas, contrabando, actividades ilegales, la comida que la gente recoge de los contenedores, lo que reciben de Cáritas y cosas de esta índole? Esto, que al fin y al cabo no se diferencia en nada en lo que hace el ciudadano Pérez para incrementar sus ingresos, va a ser llevado a cabo con total impunidad, o ya se ha llevado cuando ustedes lean esto, por el gobierno de la nación. De esta forma el P.I.B. se eleva un 3% y el gobierno podrá decir eso que tanto nos suena: “España va bien”
La medida, que será aceptada con toda seguridad hasta por los países de la C.E., pues la necesidad obliga, tiene sus pequeñas dificultades. Si no somos capaces de conocer el número exacto de políticos y funcionarios que cobran de las arcas del estado y sus importes ¿cómo podremos conocer el número exacto de prostitutas y demás maleantes, incluidas sus tarifas de precios?
Se ha rumoreado que fuentes no oficiales dijeron que algún miembro del gobierno no estaba muy de acuerdo, pues comentaron: si tenemos que incluir a las meretrices, maleantes y chorizos, algunos de nuestros conocidos se van a ver en dificultades para justificar sus ingresos. Vicente Fuentes Fuster