Cuenta la historia que hace muchos años los políticos y hombres públicos a los que se asignaba algún dinero para que lo administraran, respondían hasta con su vida del último céntimo gastado. Pero eso era hace muchos, muchísimos años. Ahora somos más civilizados y no se mata a nadie por tan poca cosa. Ni tampoco se le encarcela.
Con el paso del tiempo las costumbres se empezaron a relajar hasta llegar al extremo donde lo normal es no justificar los gastos hechos con dinero público.
Casi con toda seguridad el primer paso para este gran cambio lo dio D. Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán.
El Rey Fernando el Católico, cuya economía estaba en un estado de penuria permanente, envió en 1506 a El Gran Capitán a conquistar el reino de Nápoles. Llegar y vencer fue todo uno. A partir de ese momento el Reino de Nápoles sirvió de base para conquistar el resto de Italia.
Al regreso de El Gran Capitán, el Rey Fernando le pidió las cuentas de la expedición militar. Una vez examinadas las cuentas por el tesorero real, encontró que era mucho más el dinero entregado que el gastado, por lo que D. Gonzalo tenía que devolver a la Corona el sobrante.
Al ver que le pedían dinero, El Gran Capitán arrebató la lista al tesorero y le presentó otra, exigiendo a su vez que le pagaran la diferencia a su favor. Estos eran algunos de los apuntes:
1º) 2.736 ducados y 9 reales en gastos en frailes, sacerdotes, monjas, religiosos y pobres, los cuales continuamente estaban en oración rogando a Nuestro Señor Jesucristo, a todos los santos, mártires y vírgenes para que nos dieran la victoria.
2º) 700.494 ducados a los espías de los cuales había entendido los designios de los enemigos y ganado muchas victorias y finalmente la posesión de un gran reino.
3º) Cien millones en palas, picos y azadones para enterrar a los muertos del enemigo.
4º) 100.000 ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del olor de los cadáveres del enemigo.
5º) 50.000 ducados en aguardiente para las tropas en días de combate.
6º) 160.000 ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias sobre el enemigo.
7º) Cien millones por mi paciencia en escuchar que el Rey pedía cuentas al que le había regalado un reino.
Algunos historiadores confirman estas cuentas, otros tienen dudas. Pero en algunos apuntes todos coinciden.
Lo que sí es verdad es que a partir de esta nueva forma revolucionaria de presentar gastos, algunas contabilidades de organismos públicos y personajillos políticos han seguido al pie de la letra el ejemplo de El Gran Capitán. Vicente Fuentes Fuster