Dirección: Martin Scorsese. Guión: Jay Cocks y Scorsese, basado en la novela de Shûsaku Endô. Reparto: A. Garfield, A. Driver, Liam Neeson, Y. Kubozuka, T. Asano
Silencio no es una película para todo el mundo. Quien espere ver a un grupo de misioneros evangelizando en el Japón medieval a ritmo de los Rolling Stones y con travellings muy locos, que se olvide. Scorsese, católico, ha creado una obra muy profunda, que invita a la reflexión sobre los límites de la fe y, sobre todo, de hasta dónde está dispuesto a llegar el ser humano para defender sus principios. Su largo metraje (2 horas y 41 minutos), no se hace pesado, salvo por la incomodidad perpetua que uno siente en la butaca al ser partícipe del sufrimiento de los personajes. La atmósfera creada y las magníficas interpretaciones de Andrew Garfield, Adam Driver y del elenco japonés, se encargan de remover conciencias y provocar intensos debates a la salida del cine. No me extrañaría que esta película acabara dentro de unos años proyectada en las parrillas televisivas durante la Semana Santa junto a clásicos como Ben-Hur. Algunos tacharán de meapilas al bueno de Martin. Para el que esto escribe, demuestra la misma valentía que cuando dirigió la fantástica La última tentación de Cristo, y quizá la misma intención: ensalzar el espíritu humano y preguntarnos qué hubiéramos hecho nosotros en esa situación. Una vez más, gracias Scorsese. José Javier Martínez