Cinexín, por José Javier Martínez
Le decía a un amigo el otro día que viendo las películas de Paul Thomas Anderson dan ganas de hacerse de los Lakers, porque nadie ha rodado así Los Ángeles. El color, el cielo, el ambiente… Licorice Pizza no es una excepción. He querido verla virgen, libre de cualquier información que me contaminara. Me he dejado llevar por los personajes, por el juego de sutilezas. Por esa trama en la que de repente asistimos a la carrera de un niño actor, cómo vemos nacer un negocio de colchones de agua o estamos inmersos en la crisis del petróleo del 73 y en el nacimiento de una carrera política. ¿Qué más da? Lo importante son ellos. Ese par de jóvenes que se encuentran y desencuentran, que nos cogen de la mano y nos llevan corriendo por el paisaje que es su vida. Por los recuerdos del director, seguro. Por los personajes históricos de una época que, como en el cine de Garci, nos provocan cierta nostalgia de un tiempo no vivido. ¿Qué teclas toca P. T. Anderson? Es un pedante, es un creído, pero también un virtuoso. No me caen bien los Lakers, lo admito, pero siempre me quedarán los Clippers. El caso es dejarme fascinar por Los Ángeles y por su belleza.
Dirección: Paul Thomas Anderson.
Guion: Paul Thomas Anderson.
Reparto: Alana Haim, Copper Horfman, Sean Penn, Tom Waits y Bradley Cooper.