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Arqueología día a día: El poljé de la Sierra de Crevillente

La Sierra de Crevillente es una alineación montañosa de una gran complejidad y riqueza geológica y paleontológica. Este hecho no pasó desapercibido para el catedrático de historia natural Daniel Jiménez de Cisneros quien, a comienzos del siglo XX, solía aprovechar las excursiones por la sierra para realizar clases prácticas con sus alumnos del Instituto General y Técnico de Alicante. A él ya nos hemos referido en varias ocasiones.

Esta complejidad se debe a diferentes motivos, entre ellos estar conformada por materiales de diferentes edades geológicas. Así, en la Sierra de Crevillentee están representados grosso modo los últimos 220 millones de años de la historia de la Tierra, a través de distintos períodos geológicos. Entre estos materiales destacan los más antiguos, de edad triásica, que podemos ver en las arcillas de la cantera de Candela, a los pies del Castellà, o los yesos de las canteras de Brufaus y Parrenyos y que nos remiten precisamente a unos 220 millones de años atrás. Les siguen los materiales jurásicos que son los que hace entre aproximadamente 200 y 150 millones de años se depositaron en aguas profundas bajo el océano de Tethys.

Estos últimos materiales jurásicos acabaron siendo levantados al chocar las placas euroasiática y africana, en un proceso que se inició hace unos 70 millones de años. Como consecuencia de ello se formó uno de los sistemas más destacados del relieve peninsular: las Cordilleras Béticas, que incluyen las montañas de nuestra provincia y también la Sierra de Crevillente.

Elevaciones como la Vella así como la mayor parte de lo que conocemos como “la sierra alta”, son por tanto relieves de origen jurásico que se formaron hace más de 150 millones de años, bajo el mar de Tethys, y se levantaron posteriormente hasta alcanzar su actual altitud tras un largo proceso de varios millones de años que aún continúa en la actualidad. Por eso no es extraño encontrar fósiles marinos formando parte de rocas que hoy están a 600, 700 y 800 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.).

Una particularidad, de las muchas de esa sierra alta, es la de albergar en su seno un excepcional ejemplo de poljé. En realidad, son realmente dos los poljés que los geólogos han identificado en esta sierra: uno de menores dimensiones al Este del Puntal y otro, el de mayores dimensiones y más espectacular, en la parte de la umbría, a los pies de la Vella y que, aunque dentro del término municipal de Crevillent, resulta lindante en toda su extensión con el término municipal del vecino Hondón de las Nieves. Este último es al que nos referimos en estas líneas.

Una simple búsqueda en cualquier enciclopedia del término “poljé” nos remite a su origen eslavo y lo define como “una depresión en un macizo de roca kárstica de grandes dimensiones a modo de valle alargado y cerrado, de fondo plano, de gran tamaño y contornos irregulares. Los bordes son empinados y en ellos aflora la roca caliza.” Y, en efecto, basta un simple vistazo a la figura de la imagen en 3d para advertir que, en plena Sierra de Crevillente, “a espaldas” de la Vella y en la finca conocida tradicionalmente como “la Foia/la Hoya”, encontramos un ejemplo de poljé que responde especialmente bien a esa definición genérica.

El propio topónimo de “la Hoya”, constatado hace ya 100 años por Jiménez de Cisneros en sus visitas a la sierra, alude claramente a la característica depresión del terreno que, en este caso se acentúa al estar además delimitada por la principal cumbre de la sierra: la Vella. El poljé de la Foia se extiende a lo largo de una longitud de casi 1 km, alcanzando cerca de 250 m de anchura. Se emplaza aproximadamente entre las cotas de los 600 y los 560 m.s.n.m. Rodeado en todo su contorno por los escarpados relieves de la sierra, el fondo de este pequeño valle se ha ido rellenando con sedimentos de su entorno inmediato. En su centro y justo en la cota más baja, en torno a esos 560 m.s.n.m., es donde los geólogos señalan que se encuentra el “pónor” del poljé, esto es, el sumidero del poljé, si bien aquel se encuentra en la actualidad cubierto por las labores agrícolas. El pónor sería en definitiva el orificio por el que se filtraría o escaparía el agua hacia el subsuelo.

La formación de los poljés está asociada a procesos kársticos, es decir, procesos químicos de disolución de cierto tipo de rocas. En el caso de este poljé, y como en el resto, funciona como una red de drenaje de tipo endorreico, es decir, no existe una red fluvial de drenaje, por lo que cada vez que llueve, las aguas pluviales no tienen salida al exterior y se dirigen hacia las cotas más bajas del pequeño valle o poljé, para acabar filtrándose en su pónor o sumidero. Como una gran bañera cuyo único orificio de salida del agua está en el fondo… Y de ahí al sobreexplotado Acuífero de Crevillent que durante siglos, milenios…, ha alimentado el nivel freático de la Font Antiga.

Por Fco. Javier Molina, Ana Satorre y Daniel Belmonte

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