De “tochas” y “cantahuesos”

De plantas va la cosa, por JUAN FRANCISCO EGEA MANCHÓN

Siempre he tenido claro que si hay dos plantas que han definido lo crevillentino serían las “tochas” de esparto y el “cantahueso”. A pesar de que ninguno de los dos términos existen en el Real Diccionario de la Lengua (atocha y cantueso serían los nombres formales), es así como les llamamos aquí. Forman parte de nuestras tradiciones más arraigadas, al estar presentes en el quehacer diario de nuestros antepasados. Son unas de las plantas mejor adaptadas al clima subdesértico del sur de nuestra sierra, logrando enraizar en terrenos yermos siempre que tengan insolación directa, es decir, no prosperan bien en zonas de umbría o bajo los pinos. El Thymus moroderi o cantueso alicantino, sólo lo tenemos por estas sierras y en algunas de Murcia. De fácil identificación, entre abril y mayo se adorna de un color violáceo espectacular que le dan las brácteas florales y las propias flores, de corolas alargadas y de un tono más tenue. Se suele utilizar mezclado con el abundante tomillo para tomar en infusión los domingos tras las típicas “peròles” de arroz.

Son plantas perennes muy leñosas y la brotacíon anual suele estar concentrada en la punta de las ramillas. Por ello, si al recolectarlo podamos en exceso estas nuevas ramas dejaremos a la planta sin reservas para una futura brotacíon, con lo que la debilitaremos y probablemente muera. Así que es importante cosechar una parte solo de esas nuevas hojas y, por favor, nunca arrancarlas de raíz por razones obvias.

También podemos recoger a partir de julio sus pequeñas semillas circulares negras que brotarán fácilmente. Como la mayoría de las labiadas, que es la familia a la que pertenecen, responden bien al esquejado por ejemplo en arena de sílice y sin hormonas de enraizamiento. Hace muchos años cloné así decenas de pequeñas plantitas que crecieron estupendamente. Curiosidad: existe una variedad de cantueso casi igual al Thymus moroderi pero con las brácteas blancas, el Thymus membranaceus con muy pocos ejemplares diseminados por la sierra y que tan solo unos cuantos elegidos saben de su ubicación.

El esparto (Stipa tenacissima) es un bioindicador de terrenos profundos, siendo reemplazado por el albardín (Lygeum spartum) allí donde la roca se hace más patente. Mi amiga Amparo Martínez me comentó una vez que los espartales son comparables a los robledales del norte de España. En cierta forma los dos representan la vegetación clímax de los terrenos donde habitan. Hay “tochas” de esparto de más de cien años que fueron plantadas siguiendo una milimétrica disposición simétrica en el terreno y que a día de hoy se ven supersanas a pesar de su edad. No hace falta decir lo que el esparto ha representado históricamente en nuestra economía para enfatizar su importancia. Estas gramíneas son la principal herramienta de sustentación de terrenos ante las avenidas de agua provenientes de lluvias torrenciales. Cuidémoslas por favor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.