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La pasaeta:

concha

Concepción González, más conocida como “La Concha la Gallina”, era una mujer que tenía una trapería en el antiguo Crevillent. Este era un establecimiento de compra venta de cualquier tipo de enser o producto que se pueda imaginar susceptible de comprar o vender. Hay que pensar en las necesidades tan grandes que había en época de post-guerra en la que se aprovechaba cualquier cosa. Nada se tiraba. Y la chiquillería de aquella época, tan escasa de medios, iba todo el día casi sin comer, harta de menar, tras lo cual iba a recoger lo que fuera a la Rambla, que era el lugar donde todo el mundo tiraba los trastos que ya no quería.

La pasaeta: El barri de Baiona

el periodic del poble, crevillent

Uno de los barrios más populares de Crevillent ha sido y es el Barrio de Vayona (también escrito Baiona o Vallona). Este lugar antiguamente tuvo fama de ser un barrio de “filaós y menaós” y ha sido cuna igualmente de personajes de toda índole muy populares en nuestra localidad, incluso en el ámbito deportivo del boxeo. El barrio en tiempos antiguos se autoabastecía. Contaba con establecimientos de lo más variopinto: uno de los principales era El Forn dels Roques, también tenía “les tendes de la Caballa i La Flora”, la Taberna de la Pitxona, la Jepsá dels Brufaus, luego dels Parreños, El Molí del Tío Vicent, la Escuela de la Tía Lola La Carafala, así como corrales de cabras que de allí salían “camí de la serra”, como las del Marchantero, El Bola, Els Ferreros o Els Carafals.

La pasaeta: Familias de antiguos ganaderos de Crevillent

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Antiguamente en Crevillent era cuantiozso el ganado caprino. La población mayoritariamente se abastecía de leche de cabra. Había muchas familias que subsistían gracias al negocio de la venta de leche y queso fresco, manjar que se realizaba con esta extraordinaria materia prima.

Muchas de estas familias se dedicaban a ejercer al noble oficio de pastor y un gran número de ellas lo hacía por herencia, pues sus antepasados ya lo venían ejerciendo.

Bastantes eran los que, cuando las necesidades se hacían insoportables, se hacían ganaderos como solución ante la penuria, haciendo honor al popular dicho crevillentino que dice: “aixó, te compres quatre cabretes i a viure!”.

La pasaeta: La devoción de un pueblo a un santo pastor

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Recientes las fiestas en honor a San Pascual Baylón, desde estas líneas es mi deseo dar a conocer la vinculación de este Santo con nuestra población y hacerles sabedores de algunos datos curiosos sobre su vida. Fue desde niño muy religioso, como su madre, hasta el punto que desde muy pequeñito se sintió atraído por vestir los hábitos. En aquella época era usual ver a niños vestidos con hábito de monje por promesas que hacían sus mayores. Aquí en Crevillent solían vestir con túnicas del Nazareno o el Rescatado. Así mismo, a personas mayores, hasta no hace mucho, podíamos ver por nuestro pueblo vistiendo con hábitos por alguna promesa hecha.

La pasaeta: Tanet el “Pates curtes”

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Recordando a personajes que han dejado huella a lo largo de su vida en el ámbito crevillentino me viene a la memoria D. Cayetano Más, apodado el “Sierpe”. Pero todo aquel que conocía su escasa estatura, lo denominaba cariñosamente Tanet el “Pates Curtes”. Nuestro personaje vivía en una cueva sita en la calle Macha. De familia humilde, numerosa y con pocos recursos económicos. Sin embargo, como cabeza de familia siempre sabía buscarse la vida con el fin de aportar el sustento de los suyos.

La pasaeta: Fonts i fontetes de la Serra

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En tiempos pasados, tal vez porque esta zona era más favorecida por las lluvias de primavera e invierno, nuestra sierra albergaba varias fuentes que uno tenía el placer de contemplar cuando recorría estos pasajes. De Este a Oeste, empezando por la Partida de Tahúlla, en la mayoría de hondos de la Garganta, rezumaba el agua bajo sus márgenes al contacto con la peña y así pasando por toda nuestra sierra hasta el estrecho del “Salt de la Yegua” limitando con el término de Albatera.

La pasaeta: Anem a Santa Àgueda!

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En la década de los 40 cuando aún resonaba en las mentes el fin de las guerras civil y mundial, a pesar del hambre y las penurias, en los primeros días del mes de febrero en Crevillent siempre se escuchaba el comentario: “Tenim que anar a Santa Àgueda”. Estas fiestas consistían en una romería que se realizaba en la vecina localidad de Catral. El viaje era toda una odisea. Los que disponían de carro se acercaban a la feria con el mismo, el que no disponía de vehículo lo hacia a pie, y los jóvenes que tenían bicicleta se acercaban con ella, y en algunas ocasiones encima de la misma se podían contar hasta tres ocupantes.

La pasaeta: Si vas a Calatayud…

Hubo un tiempo en que en Crevillent gobernaba un Alcalde “demasiado recto”. Supongo que era debido a la época y a las peripecias que se atravesaban en aquellos años, pues había en todos los vecinos un grandísimo respeto a la Autoridad.

A este Alcalde, como a todo buen vecino, le gustaba pasear por el pueblo, visitar a los amigos, tomarse unos chatos de vino y recorrer las calles, aunque fuese de noche.

Inspeccionaba personalmente que todo estuviera en orden; que si esta acera, que si este jardincito, que si tal plaza…