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La pasaeta:

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Concepción González, más conocida como “La Concha la Gallina”, era una mujer que tenía una trapería en el antiguo Crevillent. Este era un establecimiento de compra venta de cualquier tipo de enser o producto que se pueda imaginar susceptible de comprar o vender. Hay que pensar en las necesidades tan grandes que había en época de post-guerra en la que se aprovechaba cualquier cosa. Nada se tiraba. Y la chiquillería de aquella época, tan escasa de medios, iba todo el día casi sin comer, harta de menar, tras lo cual iba a recoger lo que fuera a la Rambla, que era el lugar donde todo el mundo tiraba los trastos que ya no quería.

Historias para contar: Raïm de flo i balabre. Pàmpols i fulles

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Sé hablar valenciano, pero no escribirlo correctamente. Por eso me permito introducir de vez en cuando algún vocablo valenciano en mis escritos, como es el caso de hoy. En cierta ocasión, Francisco Javier Mas Pérez me comentó su interés por conocer palabras y dichos que usaban antiguamente nuestros mayores. En dos artículos suyos (El Periòdic del Poble de junio y septiembre, 2016), hablaba sobre estos temas. Y ahora me brindas la ocasión para añadir más cosas sobre estos temas con la intención de colaborar contigo y para que puedas ampliar tus conocimientos.

Historias para no dormir: Enfermo de amor

Cuando llegué aquí, hace ya algunas décadas, me sentí como un ciego que acababa de recuperar la vista. Todo era distinto al lugar de donde yo venía: las calles, las casas, la gente, las costumbres, los olores… Tenía que aprender a vivir aquí y la mejor forma era preguntar; preguntarlo todo como si fuese un niño que empieza el parvulario y va descubriendo cosas nuevas cada día. Recuerdo que me llamó la atención aquel hombre, aquel que todas las tardes, día tras día, paseaba frente a la Iglesia: ahora hacia arriba, ahora hacia abajo, para aquí, para allá una y mil veces, sin tregua, solo interrumpiendo el movimiento para mirar su reloj de pulsera y, acto seguido, el del campanario.

Historias para contar: De filaes y de música en La Festa

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A mediados de  la década de los años setenta del siglo pasado, la Fiesta de Moros y Cristianos de Crevillent estaba todavía en proceso de consolidación, iniciado unos años antes. La improvisación en el diseño de los actos seguía siendo la regla general; incluidas las Embajadas. (Exceptuamos la celebración de la festividad de san Francisco de Asís culminada con la procesión en su honor. No olvidemos que la Festa nació para ser tutelada por el Sto. Patrón de la Villa). Cada año, desde su inicio en 1965, la incorporación de comparsas, hasta completar el número de doce, sería el síntoma significativo del entusiasmo generado en los crevillentinos hacia una Fiesta nueva que les hacía partícipes de manifestaciones lúdicas diferentes.

Historias para no dormir: “Viviendo en un mundo diferente”

Esta es la historia de un planeta, un mundo en el que solo existían dos continentes: Unoxo y Oncolg. Los habitantes de ambos lugares eran iguales: personas al fin y al cabo, pero a los moradores de Oncolg se les podía distinguir por su piel clara y frágil, sus cabezas sin cabello, sus rostros despoblados de cejas y pestañas y la obligación de extremar sus cuidados para evitar cualquier infección o golpe, incluso un insignificante resfriado o un imperceptible “coscorrón”.

Historias para contar: Las Pascuas de 1931

La Semana Santa y la Pascua de hace 84 años (1931), y las de éste, coincidieron en las mismas fechas del Calendario Litúrgico. Una noticia de prensa del sábado cuatro de abril de 1931 informaba de lo lucidas que habían resultado en Crevillente las procesiones del día anterior, Viernes Santo. Dicho Sábado, llamado entonces de Gloria, se anunciaba la Resurrección de Cristo con el canto del Gloria en la misa de nueve. Era el momento en que las campanas de la Vieja Torre volteaban un buen rato y el pirotécnico local -el Trigo-, disparaba dos docenas de cohetes.

Historias para contar: El mal llamado Pont del Carafal

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Es costumbre que tenemos en Crevillent, que para denominar ciertas calles y construcciones antiguas, empleamos nombres que nos faciliten su localización sin ser los correctos. Para ello recurrimos a identificarlas con personas que vivieron o tenían alguna propiedad en el mismo sitio. El que más ha perdurado de estos ha sido el mal llamado Pont del Olives por estar situado junto a la fábrica de este señor. Dicho puente, hoy desaparecido, cruzaba la Rambla para enlazar el Camino de Catral con Puertas de Orihuela. Sin embargo, el puente al que vamos a dedicarle mayor espacio es el que últimamente viene en la prensa repetidamente como “el Pont del Carafal”, hoy de actualidad por anunciar el Ayuntamiento trabajos de conservación en tan antigua construcción.

Historias para contar: Cien años del Teatro Chapí

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Sorprende lo poco que se ha escrito acerca del Teatro Chapí en este año que se han cumplido los cien años de su inauguración, y sobre todo el impacto cultural que supuso  para el pueblo. Repetiremos extractadas las reseñas periodísticas de tan importante evento. La noche del sábado 14 de febrero de 1914, Crevillent se vistió de gala para asistir a la inauguración del Teatro Chapí construido en la plaza del mismo nombre. Autoridades locales y provinciales, familiares del insigne músico, fallecido pocos años antes, acompañados por un público expectante llenaron a rebosar el local. Tras los discursos protocolarios se puso en escena La Tempestad, una de las zarzuelas importantes de D. Ruperto, ejecutada por cantantes y músicos de relieve contratados para la ocasión. De entre los adornos del salón y escenario destacaba el telón de boca, una joya que debe restaurarse y conservar.

Historias para contar: Solares abandonados en el centro de Crevillent

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Decía el cronista de la villa, D. Anselmo Mas Espinosa, que “un pueblo sin historia es algo así como un sujeto indocumentado; una persona sin antecedentes”. (Prosas y versos sobre Historia…). Asumiendo el contenido de estas palabras, nos preguntamos hasta qué punto podemos aplicarlas a Crevillent en el aspecto urbanístico. Hay edificios que por antiguos y singulares merecen formar parte de la historia de un pueblo mereciendo ser protegidos. Sin embargo aquellos que ocuparon los solares que tanto afean hoy el centro de la urbe no parece que reunieran dichos requisitos. Los cuestionados solares son consecuencia de una obsoleta normativa. Desde hace muchos años nuestros ayuntamientos han permitido este deterioro al favorecer la edificación en la periferia, –indispensable para el ensanche de la urbe–, en detrimento del centro.

Historias para contar: El Pinet de los años 40

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A mi prima Dori Fuentes que tanto le gustó siempre el Pinet

Diría que fue el “Roig el Barber”, (Manuel Sánchez Sempere), quien mejor plasmó en sus canciones las excelencias del Pinet de aquella época. En su vals, “I volem recordà” menciona la palmereta de la entrada que nos saludaba cada verano, el viento fresquito que entremezclado con las olas se colaba en las barracas, las toñas que nos hablaban de su dulce gusto… Todo ello merecedor de un monumento que anunciara a todos lo que a este Pinet se venía a disfrutar. El inicio con tintes poéticos: “És el perfum de les fadrines el que mos parla de la frescó”, traía a la memoria la fragancia de las jovencitas en sus paseos por la orilla del mar.