Historias para contar: El canto del Septenario a la Virgen de los Dolores

Se cumple este año el 75 aniversario del canto de los Dolores con acompañamiento de orquesta. Antes, desde principios del siglo XX hasta 1936 debieron cantarse acompañados del órgano instalado en Nuestra Señora de Belén a finales del siglo anterior, destruido durante la Guerra Civil. Obviamente debió ser así teniendo en cuenta que las partituras las había compuesto el presbítero de Onil D. Marcelino Sempere, para interpretar con dicho instrumento.

Ante la falta de órgano, el maestro de música D. Manuel Aznar decidió instrumentar dichas partituras para orquesta. Con reducido número de músicos, aquella primera vez (año 1940), para tres años después quedar constituida tal como la conocimos durante más de tres décadas. Cinco violines, un violón, dos clarinetes, saxofón, trompa, integraban el grupo, que salvo lapsus de memoria todavía recuerdo. Ellos y su director, D. Manuel, merecen ser considerados como los impulsores de un nuevo y moderno estilo de cantar los Dolores, primero por un coro popular y luego ya en la década de los sesenta por la Coral.

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Ellos, sin duda fueron los artífices del auge que experimentó el canto del Septenario después de la Guerra Civil. Sería hacia el año 1974 cuando D. Moisés Davia, director de la Coral, acompañado del vicepresidente J. Sempere Pastor, se entrevistaron conmigo, presidente entonces del Patronato de Semana Santa, para buscar una solución a la carencia de violines. Para ello, D. Moisés se comprometió a modificar las partituras de los instrumentos de cuerda a los de viento. Así lo hizo, y este señor, – todo un caballero-, cobró por su trabajo la insignificante cantidad de 12.000 ptas. La evolución experimentada por el Septenario en estos últimos 75 años ha sido enorme. Del coro compuesto sólo por hombres y orquesta reducida, se ha pasado a una agrupación de voces mixtas y nutrida orquesta de viento. De este período se ha hecho historia bien documentada.

De los años anteriores a 1936 apenas sabemos algo; sólo el presbítero Juan Martínez refiere algo, pero no dice cuándo y cómo comenzaron a cantarse los de D. Marcelino. Hoy, por indicios razonables, sabemos que las mencionadas partituras llegaron a Crevillent de la mano de doña Asunción Cortés Garrigós. Salvador Puig Fuentes




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