Historias para contar: El mal llamado Pont del Carafal

puente

Es costumbre que tenemos en Crevillent, que para denominar ciertas calles y construcciones antiguas, empleamos nombres que nos faciliten su localización sin ser los correctos. Para ello recurrimos a identificarlas con personas que vivieron o tenían alguna propiedad en el mismo sitio. El que más ha perdurado de estos ha sido el mal llamado Pont del Olives por estar situado junto a la fábrica de este señor. Dicho puente, hoy desaparecido, cruzaba la Rambla para enlazar el Camino de Catral con Puertas de Orihuela. Sin embargo, el puente al que vamos a dedicarle mayor espacio es el que últimamente viene en la prensa repetidamente como “el Pont del Carafal”, hoy de actualidad por anunciar el Ayuntamiento trabajos de conservación en tan antigua construcción.

Es la primera vez que lo leo con esta denominación. Dicen que se debe a estar cerca del molino harinero cercano a Els Pontets, propiedad de esta conocida familia. Siempre se ha conocido como “Pont dels Moros” en alusión a su antiguedad y probable edificación en época musulmana. A falta de evidencias arqueológicas, los pocos indicios que nos proporcionan los escritos históricos nos hacen suponer que este acueducto que trasvasaba el agua de la Font Antiga de oeste a este de la Rambla, fuera anterior en el tiempo al de los Pontets inferior y superior (el más moderno de los tres).

Quizá la solidez de su construcción le ha permitido seguir en pie durante siglos y más que hubiera durado a poco que se hubieran impedido ciertos actos de vandalismo y se hubieran efectuado los mínimos trabajos de conservación. Ahora toca esperar que con la restauración a realizar no pierda sus señas de identidad, no en balde es un bien perteneciente al milenario sistema hidráulico de la Font Antiga, patrimonio del pueblo.

Los otros dos puentes debido a su importante emplazamiento han quedado con la denominación que la vox populi les asignó: Viejo y Nuevo. El primero construido a mediados del siglo XVIII, ahora irreconocible al perder su identidad como tal. El segundo, de finales del XIX, todavía permanece fiel a su nombre y a su época. Salvador Puig Fuentes




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