Personajes crevillentinos: El Canónigo Manchón

El pasado día 19 de junio se presentó en el salón de actos de Cooperativa Eléctrica la biografía de un paisano nuestro. El libro “Vida de un español insigne: D. Cayetano Miguel Salvador Manchón Cascales”, una obra que escribí con el objetivo de reflejar los avatares de un clérigo ilustre que nació en Crevillente en 1771 y murió en Zaragoza en 1861.

El tiempo que le tocó vivir fue de epidemias, de guerras, de sufrimiento y muerte. Evidentemente, él no pudo escoger su nacimiento; pero sí estuvo en su voluntad elegir el grado de compromiso con los más necesitados en Alicante y con la dignidad de España pisoteada por Napoleón. En los difíciles trances que se le presentaron D. Cayetano no reparó en tomar las decisiones más arriesgadas para su propia vida.

Su rasgo más saliente fue su caridad ascética, ya que el desprendimiento de lo más preciado que tiene el hombre: su vida, la arriesgo hasta límites insospechados en varias circunstancias, que fácilmente podía haber rehusado y, sin embargo, como ser excepcional que era ahí estuvo dándolo todo. El libro recoge vivencias inéditas que suponen una aportación a la historia de España. Por ejemplo, su gesta en Alicante en 1804 auxiliando a los contagiados por la fiebre amarilla, si bien hay estudios excepcionales sobre ese acontecimiento, D. Cayetano Manchón nos describe, además, otros elementos desconocidos hallados por el autor del libro.

El Dos de mayo de 1808, fecha que marca un hito en la Historia Contemporánea de España, D. Cayetano escribió unas páginas de oro, que, aunque recogidas en los archivos de Madrid, el libro añade algunas escenas desconocidas hasta ahora en esta insigne fecha.

Las circunstancias le llevaron a liderar uno de los primeros grupos de guerrilleros que se formaron para luchar contra el invasor, luego fue reclutado en el ejército regular como capitán de escuadrón del Regimiento de caballería Lusitania participando en las batallas más sangrientas de la guerra de Independencia.

Terminada la contienda en 1814, Fernando VII, el Deseado, le condecoró con la medalla más preciada por los veteranos de ese día Dos de mayo: la Insignia de Dos de mayo.

El rey conociendo su participación en la epidemia de Alicante y en la lucha contra el invasor le prebendó con la canonjía de Segorbe y posteriormente con la de Zaragoza. En ambas, especialmente en Segorbe, nos vuelve a sorprender con sus acciones.

Fernando VII en nombre de España le reconoció los servicios prestados, haciéndolo Benemérito de la Patria en grado heroico, otorgándole el Escudo de Fidelidad, Caballero de San Fernando, etc. Se le reconocen no menos de ocho grandes condecoraciones y, sin embargo, en su tierra natal, Crevillent, y en Alicante, queda pendiente ese justo reconocimiento, que otros sí supieron valorar.

Por ello, y para finalizar, recuerdo al pueblo de Crevillent que un paisano suyo alcanzó la inmortalidad por soñar un mundo mejor. Ojalá que a partir de ahora las cosas cambien y podamos ofrecerle, en compensación a sus desvelos y a la fe que puso en su gente y en España, el recuerdo vivo, sentido, agradecido y emocionado que merece, plasmándolo todo en un busto sobre un pedestal en algún lugar importante de su pueblo natal Crevillent, así como también en la ciudad de Alicante. Santiago Íñiguez García




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