Historias para contar: Cien años del Teatro Chapí

Sorprende lo poco que se ha escrito acerca del Teatro Chapí en este año que se han cumplido los cien años de su inauguración, y sobre todo el impacto cultural que supuso  para el pueblo. Repetiremos extractadas las reseñas periodísticas de tan importante evento. La noche del sábado 14 de febrero de 1914, Crevillent se vistió de gala para asistir a la inauguración del Teatro Chapí construido en la plaza del mismo nombre. Autoridades locales y provinciales, familiares del insigne músico, fallecido pocos años antes, acompañados por un público expectante llenaron a rebosar el local. Tras los discursos protocolarios se puso en escena La Tempestad, una de las zarzuelas importantes de D. Ruperto, ejecutada por cantantes y músicos de relieve contratados para la ocasión. De entre los adornos del salón y escenario destacaba el telón de boca, una joya que debe restaurarse y conservar.

Fue la pequeña burguesía de Crevillent la que inducida por las ideas filantrópicas de la época,-poner los medios para que la cultura llegase a todas las capas sociales- formó una sociedad con la finalidad de construir un nuevo Teatro, diferente del ya obsoleto Teatret ubicado en la calle Ruiza (hoy Guillermo Magro). No en balde, 25 años antes ya estuvieron preparando anteproyectos. Indudablemente la puesta en funcionamiento del “Chapí” cumplió con las expectativas: la gente fue adquiriendo mayores conocimientos artísticos, literarios y musicales. Personas de poca formación comenzaron a conocer teatro clásico y moderno, autores, poetas y músicos, incluso a subir al escenario Zarzuelas a representar comedias y zarzuelas.

La afición de los crevillentinos al canto y la música estuvo siempre representada.Contaban los mayores con deleite los éxitos obtenidos por los niños y niñas de la escuela de canto dirigida por D. Óscar Tordera en los años treinta del siglo pasado, así como las actuaciones del Orfeón.

A partir del año 1940 recuerdo estupendas actuaciones de la Banda, de la orquesta de violines y la de pulso y púa (guitarras, bandurrias y laúdes). Zarzuelas a cargo de la Coral: “El Anillo de Hierro”, con su preludio orquestado por violines, y un largo etcétera de la que destacaría “El Rey que Rabió” por sus incontables representaciones y memorables actuaciones de las tiples Mendiola y Esperanza Congost.

Termino con dos casos anecdóticos en los que estuve presente el mayor lleno y el mayor vacío. Otoño del año 1943, actuó la compañía de Marcos Redondo. Por la tarde en escena Los Gavilanes con Ricardo Mayral, figura de galán de cine con voz bellísima de tenor y buena presencia de público. En la función de noche el teatro abarrotado -no cabía un alfiler-, para ver y escuchar al gran barítono Marcos Redondo en “Luisa Fernanda”, que dicho sea de paso no tuvo su noche.

Año 1952, aquella noche en el patio de butacas no éramos más de cinco espectadores para ver la actuación soberbia del barítono Francisco Bosch en “Luisa Fernanda”.

Recuerdos y añoranzas que nos hacen suspirar cuándo veremos terminado el proyectado hace años TEATRO CHAPÍ. Salvador Puig Fuentes

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