Historias para contar: Solares abandonados en el centro de Crevillent

IRIS

Decía el cronista de la villa, D. Anselmo Mas Espinosa, que “un pueblo sin historia es algo así como un sujeto indocumentado; una persona sin antecedentes”. (Prosas y versos sobre Historia…). Asumiendo el contenido de estas palabras, nos preguntamos hasta qué punto podemos aplicarlas a Crevillent en el aspecto urbanístico. Hay edificios que por antiguos y singulares merecen formar parte de la historia de un pueblo mereciendo ser protegidos. Sin embargo aquellos que ocuparon los solares que tanto afean hoy el centro de la urbe no parece que reunieran dichos requisitos. Los cuestionados solares son consecuencia de una obsoleta normativa. Desde hace muchos años nuestros ayuntamientos han permitido este deterioro al favorecer la edificación en la periferia, –indispensable para el ensanche de la urbe–, en detrimento del centro.

No ha habido coherencia en esta materia. ¿Por qué los particulares no pueden hacer lo mismo que ha ocurrido con el Teatro Chapí? Derribar y esperar a tiempos mejores para volver a edificar. Otro mal ejemplo: ¿Se le hubiera permitido a un particular abandonar un edificio emblemático, construido en 1885, hasta que se fuera cayendo a pedazos? Pues esto mismo está ocurriendo con el antiguo Hospital, propiedad del Municipio, increíble pero cierto. Desde que dejó de prestar servicios hace mas de cuarenta años su desamparo ha sido total, el vandalismo se adueñó del inmueble, cuyo patio central a modo de claustro, con su aljibe en medio, daba gusto contemplar. Es cierto que el inmueble está en ruinas; así lo dictamina un informe del arquitecto D. Enrique Manchón Ruiz, lo cual no quiere decir que sea imposible su rehabilitación. Cuando se hubo de iniciar en 1874 la construcción del Mercado Central, el arquitecto provincial, Sr. Guardiola Picó, emitió un informe declarando el estado ruinoso de la Torre Vieja; se buscaron soluciones y el Campanario todavía permanece en pie.

Un edificio tan entrañable para nuestros antepasados merece como el que más un destino que pueda servir a los intereses culturales de Crevillent. En el Hospital que no dejó de funcionar ni en los años de la Guerra Civil, ejercieron médicos conocidos por todos por su valía y dedicación. El médico Lledó, el doctor Mas Candela y su hijo recién terminada la carrera, el prestigioso doctor Mas Magro. No vendría mal que a este eminente doctor, se le dedicara su nombre a un reedificado Hospital. Creo que se le está haciendo un flaco favor poniendo su despacho en el edificio del Parque que fue de su cuñado, D. Pascual Mas y Mas. El prestigioso médico se merece mucho más. Salvador Puig Fuentes




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