Curiosidades: Sanidad pública en… Sudamérica

Tengo un amigo sudamericano. Como la mayoría de los hispanoamericanos que han venido como inmigrantes a España, por lo menos los que yo conozco, es una persona de una gran calidad humana, honrado, buen padre de familia y gran trabajador. Conoce a fondo muchos oficios y todos los hace con prontitud, limpieza y orden. Podría decir que cultivo su amistad por egoísmo, pues aprendo muchísimo castellano hablando con él. Además del dulzón acento sudamericano, emplea palabras totalmente desconocidas para mí y que disfruto oyendo. Palabras como frazada, calato, cachaco, cojudo, sambo, churre, chola, chifa, chambear… Es como estar leyendo a Vargas Llosa o García Márquez. Pero lo que más me gusta de mi amigo es su nombre. Pásmense. Se llama Cary Grant González Rodríguez. Como lo oyen. Lo de llamarse Cary Grant fue un capricho de su madre; no hace falta decirlo. Su madre se enamoró del famoso galán norteamericano cuando aún no había hecho la primera comunión, la madre, no el galán, y este amor le duró toda su vida. Hace unos días coincidimos en el Centro de Salud y, mientras esperábamos, se me ocurrió preguntarle por el funcionamiento de la sanidad pública en su país. Más vale que no le hubiera preguntado nada. No lloré por vergüenza de hacerlo delante de los que allí estaban esperando. Pero ganas sí que tuve. Éste es parte de su relato:

En su país, cuando un enfermo, sin seguro sanitario de ninguna clase, acude al médico de la sanidad pública, tiene que pagar la visita de la consulta por adelantado, y si no lo hace no lo atiende. Así, como suena. Las recetas tienen que pagarlas al valor real. No hay subvención estatal de ningún tipo. Los precios de los medicamentos son los mismos que aquí.

En los hospitales las cosas cambian… a peor, desde luego. Al ingresar un paciente se calculan los días que va a estar y el coste del tratamiento. El enfermo tiene que pagar las medicinas que se van a emplear, la comida, el material sanitario (jeringuillas, sondas, vendas, etc.) y si se trata de una operación, la sangre, han leído bien, la sangre que se va a usar en transfusiones, la lavandería, el material de limpieza e higiene, etc., etc. Y todo esto lo tiene que pagar por adelantado. Si el paciente no dispone de efectivo se le hace aceptar letras de cambio con gastos y si no lo hace, no ingresa. En algunas ocasiones el hospital no dispone de una medicina para el paciente, entonces se manda a comprarla al familiar que lo acompaña. En los casos dramáticos de alguien que acude al hospital por un accidente, se le deja a la puerta del hospital hasta que él, o algún familiar, abone el tratamiento que necesita. Me dijo que suelen haber heridos a la puerta de los hospitales esperando varios días hasta que se les atiende. Casos de mujeres con abortos espontáneos quedan a la puerta hasta que alguien pague. La mujer de un amigo suyo que tuvo un parto en casa –pocas se permiten parir en un hospital–murió por falta de atención al no expulsar toda la placenta y sufrir una grave infección.

Para no hacerme un lío con los cambios de moneda le dije que me tradujera a euros los importes que pagan. Una consulta, 30 euros; una operación, lo que quieran. El sueldo semanal de un hombre suele ser de unos 60 euros. Para pagar una operación necesitan trabajar varios años. Me dijo que su madre está recibiendo un tratamiento de quimioterapia y tiene que pagar el equivalente a un día de trabajo antes de cada una de las sesiones. En la medicina privada es igual, sólo que mucho más caro, pero tienen la ventaja de que las enfermeras son más guapas y sonríen a los pacientes.

Al terminar nos marchamos juntos a la calle; él, contento; yo, apesadumbrado por el espeluznante relato que había escuchado. Aún estábamos dentro del Centro de Salud cuando oímos a nuestras espaldas como un hombre le decía a otro quejándose: “¡No hay derecho, tenía la cita a las 16,30 y me han atendido a las 17,45!”. Mi amigo, Cary Grant González Rodríguez, me miró con complicidad y sonrió para sí. Después de los recortes que estamos viendo me pregunto si no será éste el futuro de la sanidad española. Vicente Fuentes Fuster

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