Historias para contar: Un hecho injusto del Ayuntamiento de 1942

En el archivo del Gobierno Civil de Alicante se encuentra un documento que me llamó la atención por tratarse de un asunto relacionado con el Ayuntamiento de Crevillente, constituido después de la Guerra Civil (1936-1939). Dicha documentación está formada por varios escritos, -instancias, expedientes, informes-, relativos a la denegación de una pensión de orfandad por parte del Ayuntamiento.

La solicitante, Paz Bergón Álvarez, debía ser según todos los indicios una niña crevillentina desamparada acogida por unas monjas en Alicante. Dado su estado de verdadera necesidad e influenciada por las monjas, el día tres de febrero de 1942 envía una instancia al Gobierno Civil “solicitando la pensión de orfandad que le pertenece desde el diez de agosto de 1937, fecha en que murió su padre D. José Bergón Botella, que ejerció como secretario veinte años en el Ayuntamiento de Crevillente”.

Transcurrido un mes, el Ayuntamiento devuelve el escrito denegando la petición con argumentos poco convincentes. Hartos de tantos inconvenientes, ha de tomar cartas en el asunto el Colegio de Secretarios, Interventores y Depositarios de Alicante que, con fecha 14 de marzo de 1942, remite al Gobernador la “memoria sobre el expediente de reconocida y aprobada la pensión por el Ayuntamiento que regía los intereses de dicha villa y satisfecha sin obstáculo alguno”. Sigue el escrito razonando lo injusto de este comportamiento. “Tras la liberación (final de la Guerra Civil), se personó la huérfana ante la autoridad nuevamente constituida reclamando el pago de su pensión, siéndole esta denegada alegando fútiles motivos y cuya negativa continua en la actualidad a nuestro entender injusta e ilegalmente, por estar declarados intangibles los derechos pasivos por las disposiciones superiores vigentes, incluso en la ley de Responsabilidades Políticas. Ello ha creado a la citada huérfana un estado lamentable y angustioso al no poder atender debidamente a su subsistencia”.

A la vista de estos razonamientos y un tanto harto de las trabas que ponía el Ayuntamiento, el Gobernador Civil le envía una seria advertencia para que resuelva el asunto sin más dilación.

Estos párrafos transcritos literalmente ilustran este penoso caso mejor que los comentarios que podamos aportar. No obstante, sí creo oportuno realizar alguna breve observación acerca del ambiente que se vivía en aquella época. Por muchos prejuicios ideológicos derivados de la recién terminada Guerra, creemos que dicho caso, como otros muchos, fueron producto de venganza sin tener en cuenta la justicia ni la caridad cristiana. Al fin y al cabo, el secretario era un funcionario del Ayuntamiento con independencia de los vaivenes políticos de cada época. Aún en el supuesto de afinidad ideológica, ¿qué culpa podía tener una niña del comportamiento de su padre para negarle lo que legalmente le pertenecía? No sabemos cómo terminó este asunto, pero según todos los indicios parece obvio que el Ayuntamiento no tuvo más remedio que cumplir con la legislación vigente, aunque no fuera de su agrado. Salvador Puig Fuentes




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