El cant del rossinyol: La Font Antiga, crónica de una muerte anunciada

mina

Como cada año, el próximo 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha que no debiera pasar desapercibida. La problemática en torno a este recurso indispensable para la vida es global, pero tal vez como crevillentinos podamos entenderlo mejor con un ejemplo más cercano, el del manantial de la Font Antiga. Su historia está tan vinculada a Crevillent que hasta justificaría la propia fundación de la localidad.No es ni mucho menos la única mina de agua que esconde la Sierra, pero es sin duda la primera y principal, considerada por ello “la mina del poble”. Pero no será esta una historia con un final feliz, es el relato de una pérdida que debería hacernos reflexionar a todos. Fue concebida siguiendo el esquema de los Qanats árabes, según el cual después de localizar una bolsa de agua subterránea o “pozo madre”, es necesario excavar un túnel hasta llegar a ella, con la suficiente pendiente para que el agua fluya hasta una bocamina. A partir de aquí el agua es normalmente distribuida a través de una red de acequias, lo que permite minimizar las pérdidas.

Nuestra Font Antiga es un maravilloso ejemplo de todo ello, presentando buena parte de los elementos constructivos que le son propios. Pero lo más fascinante de este sistema es que estaba diseñado para no agotar los recursos de forma irreversible, variando su caudal en función de la reserva de agua disponible. Construida probablemente con la llegada de los árabes, a principios del siglo XX la principal fuente de agua para Crevillent seguía siendo la Font Antiga.

En 1926 se levantó un nuevo lavadero, por donde corría el agua de forma permanente durante el día, mientras que por la noche se acumulaba en el depósito municipal para abastecer al pueblo. Sabemos que en la década posterior todavía disponía de un caudal aproximado de 50 litros por segundo, el cuál disminuiría de forma dramática en muy poco tiempo. A la pregunta sobre lo que estaba pasando la respuesta es bien sencilla: no éramos los únicos que estábamos utilizando el mismo acuífero.

En el año 1955 la Jefatura de Minas aprobó los primeros sondeos en término de Aspe y al inicio de la década de los 60 empezó la construcción de una nueva mina en Albatera, conocida por todos como “Los Suizos”. Ésta se proyectó siguiendo el esquema de las minas árabes, pero dado lo exiguo del caudal obtenido pronto se optó por la instalación de una serie de bombeos a lo largo de la galería. Todo este despliegue tecnológico tendrá su momento álgido en la década de los 80, cuando el caudal extraído cada año era de 18Hm3, suficiente para llenar el Pantano de Crevillent o los embalses del Hondo y todavía sobraría. Paralelamente, el Instituto Geológico y Minero de España había calculado la recarga anual del acuífero de Crevillent en 3Hm3, lo que supone un balance claramente desfavorable. A consecuencia de todo ello, el 31 de julio de 1987 el acuífero se declarará “sobreexplotado”, registrando descensos anuales de más de 30 metros en su nivel.

La traducción de esta situación a este lado de la Sierra será la disminución drástica del caudal disponible a partir de los años 60. Éste se redujo a unos escasos 10 litros por segundo, que fueron cada vez menos hasta que sencillamente la fuente se secó, conduciendo a la disolución del Sindicato de Riegos de la Fuente Antigua en 1972. Habíamos agotado en décadas lo que tardó millones de años en acumularse en el subsuelo. Actualmente todavía se sigue extrayendo un volumen anual cercano a los 10Hm3 a través de los pozos situados en Aspe, los Hondones o Albatera, siendo una parte muy importante del agua disponible en la Denominación de Origen “Uva embolsada del Vinalopó”. Para nosotros, agotada la fuente, ya sólo nos queda preocuparnos por conservar los vestigios de este legado, que ilustra el ingenio y la constancia de un pueblo, pero también como ejemplo de las consecuencias de un uso insostenible del agua.

A día de hoy este patrimonio languidece y se deteriora ante nuestros ojos y con él se esfuma parte de nuestra historia y nuestra identidad. La disponibilidad de agua para el riego propició la existencia de una huerta, lo que mejoró sin duda la calidad de vida de nuestros antepasados, al permitirles disponer de una mayor variedad de alimentos frescos. Ahora que pronto nos veremos inmersos en la Semana Santa me acordaré de aquella Font Antiga que regó la huerta donde crecieron las primeras habas que ahora son parte de nuestras más arraigadas tradiciones, mientras disfruto del almuerzo una mañana de Viernes Santo y pienso en cómo se lo explicaré a mi hija.

Ismael Gallardo Lledó




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