Desde Italia con amor: Pasta e Pizza

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Es difícil que un italiano sobreviva sin pasta, de hecho a principios del siglo XIX cuando los primeros italianos llegaron a EEUU fueron seguidos por barcos llenos de pasta. Sobre los orígenes de la misma, son muchos los historiadores que sostienen que la pasta fue descubierta en China por Marco Polo, pero también hay quien afirma que la pasta ya se consumía en Italia antes de que Marco Polo naciese.

Para un italiano, pocas comidas pueden competir con la satisfacción de comer un buen plato de pasta. La máquina para hacer pasta en casa es un regalo casi obligatorio para la futura mamma italiana. Con dicho artilugio se elaboran pastas caseras, no envasadas como las que se compran en las tiendas. La pasta es todo un mundo por descubrir y su correcta elaboración precisa del conocimiento de la misma. Según sea el tipo de pasta, ésta pide una salsa y no otra, y para alcanzar el mejor complemento de sabor y textura es imprescindible adquirir la sensibilidad necesaria para combinar ambas.

Hay dos tipos de pasta, una que se hace con harina y agua, de alto contenido en gluten (es la que se compra confeccionada en los supermercados) y otra que se hace con harina y huevo, es la de trigo de grano blando. La pasta de grano duro pide ser acompañada por salsas picantes y sabrosas, mientras que la pasta fresca, casera, de grano blando, acepta mejor las salsas suaves a base de cremas o mantequilla.

En los hogares italianos se come pasta diariamente. Por ello cada día se hace de forma distinta porque el genio y creatividad italiana evitan el caer en la monotonía. Existen mil y una formas de pasta: capelli d´angelo, spaghettini, linguime, fusilli, bucatini, pappardelle, tagliatelle, pizzocheri, fettucine, tagliolini, penne rigate, garganelli, rigatoni. maccheroni, orecchiette, conchiglie, farfalle, ruote, tortelloni, tortellini, cappelletti, lasagne, cannelloni, pansoti, raviolini y un largo etcétera, diría que casi infinito.

Otra comida típica es la pizza, especialmente cuando se sale a cenar con los amigos (es el equivalente al tapeo español). La pizza es típica de Nápoles y es allí donde la hacen buena y siempre con productos frescos: mozzarella, si es de búfala mejor, tomate natural, albahaca fresca y masa recién hecha. Fuera de esa región, la pizza puede estar también buena pero si lo es de verdad suele estar regentada por napolitanos. Una pizzería que quiera ir de auténtica en Italia se suele especificar que es napolitana. La pizza que más gusta aquí es la Margherita, con ingredientes básicos: mozzarella, tomate, albahaca. Hay zonas, especialmente en el norte donde el plato fuerte es el risotto. Este delicioso plato se hace con arroz típico de la zona de Vercelli, es decir “le risaie di Novara” y su grano se llama carnaroli. El risotto tiene un proceso de elaboración muy distito a nuestra paella, pues se mueve constantemente con cuchara de palo (18 minutos) y se obtiene el resultado cremoso al añadirle queso parmiggiano. La paella se diferencia del risotto en que los granos de éste se tuestan con mantequilla y se fumean con vino blanco antes de echar un caldo muy caliente, que se irá añadiendo poco a poco. El risotto se puede hacer de mil maneras, pero uno de los más populares es el risotto allo zafferano (azafrán).

Y después de la pizza, risotto o pasta se sigue con un buen café. Los italianos son muy precisos con esta bebida, que si bien el grano con el que se elabora no se cultiva en Italia, los italianos son maestros del café por la creatividad de sus mezclas. De hecho, las mejores marcas de máquinas de café son italianas. El café se bebe a todas horas (“Café, no menos de tres ni más de treintaitrés”, dice un dicho popular) y el capuccino tiene su hora, las cinco de la tarde. Miriam Lafuente Soler

 




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