Nuestro arte: Las bóvedas de Belén

bovedasEran tiempos difíciles cuando se empezaron los cimientos del templo de Ntra. Sra. de Belén. Europa estaba sumergida en guerras. Fue un crevillentino el que hizo los planos y dirigió las obras. Miguel Francia Guillén, y no la duquesa de Arcos -como tantas veces he oído-, el que trajo los planos de Italia. Este arquitecto hizo también la ermita de la Trinidad, la Purísima y Santa Anastasia, así como la Capilla de la Comunión de Callosa de Segura. Su gran obra maestra fue la iglesia parroquial de Cox.

Quedó tan satisfecho que quiso que lo enterraran allí. La iglesia de Belén es de estilo Neo-renacentista, el que estaba de moda. Los crevillentinos estaban muy orgullosos de su templo y para recaudar fondos pusieron una gran caldera en medio de la plaza para que todo el mundo colaborase económicamente con el dinero de la época o con alguna alhajita. El que no podía económicamente iba a trabajar personalmente. La iglesia la hizo todo el pueblo, según aseguraba una vecina de la plaza, la abuela de mi madre.

De la iglesia, a mí siempre me han llamado la atención las bóvedas. Nunca he podido comprender con qué finalidad se hizo esa construcción. ¿Sería para sepulturas? En la parroquia antigua habían sótanos destinados a panteones y sepulturas tal como desde la antigüedad se venía haciendo. En la Basílica antigua de San Pedro en Roma había un salón muy grande para banquetes y todo lo demás estaba lleno de sepulturas. También se sacrificó el patio de delante de la antigua Basílica que había edificado Santa Elena en tiempos de su hijo el emperador Constantino. No sé si la nuestra sería una cripta para los difuntos, coincidiendo que los Románticos sacaron los cementerios de las Iglesias y los situaron en medio de los campos.

Hemos de tener en cuenta que cuando se empezó nuestro templo aun existía la Inquisición y sus correspondientes mazmorras, hasta que llegó el nuevo rey José, hermano de Napoleón, a quien la gente llamó Pepe Botella, por lo mucho que le gustaba el vino. Hizo este rey en su corto reinado mucho más que otros monarcas anteriores habían hecho por nuestro país. Lo primero, abolir la Santa Inquisición y sus mazmorras. Yo me pregunto: ¿no sería esta parte del templo la que se había destinado a mazmorras, que la Inquisición obligaba a que existieran? También debemos a este rey el Código Civil que hoy tenemos y que no ha perdido actualidad, es decir el Código Napoleónico, ya que hasta el siglo pasado estábamos regidos por el Fuero Juzgo y por la Novísima Recopilación en el orden de prelación de fuentes.

Durante la revolución francesa, los gabachos estuvieron en el pueblo incluso estuvieron en la Iglesia. Más tarde la reina Isabel II tuvo a bien aceptó la invitación que el Ayuntamiento de Crevillente le ofrecía para que hiciese una parada en su camino a Orihuela, para que tuviese a bien visitar la nuestra Iglesia. La reina paró el carruaje real al final de la calle Nueva. Aquel día llovía y la reina y su séquito fueron toda la calle mojándose. La soberana quedó contrariada y le dijo al alcalde, Don Vicente Gallardo Lledó, que en el templo se abriesen lateralmente dos puertas. Y le diocien mil duros y le pidió que dichas puertas se llamasen puertas de los Infantes, ya que si estas hubiesen estado la reina no se hubiese mojado.

Todo esto lo sé porque ese alcalde era el padre de mi abuelo Julio. La reina quedó altamente satisfecha con los arreglos que se habían hecho en el pueblo y le concedió al alcalde una medalla. Pienso que sería de muy poca monta porque en el retrato que tenemos de él se ve muy pequeña. Lo que fue significativo es que cuando él y su mujer fueron a recoger la medalla a Capitanía se hicieron una fotografía de las que estaban de moda: es decir un daguerrotipo.

José Manuel Magro Gallardo Licenciado en Bellas Artes y Filosofía




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