El cant del rossinyol: La vida se abre camino (II parte)

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAl cerrar el anterior artículo les mencionaba una cita atribuida a Estrabón, que hablaba de una Península Iberica de densos bosques, en la cual una ardilla podía ir de Gibraltar hasta los Pirineos saltando de rama en rama. Parece una afirmación algo exagerada que muchos han puesto en duda, ya que sabemos que este geógrafo utilizó datos de otros autores y que realmente nunca estuvo en Iberia, aunque nadie cuestiona que en aquel entonces disfrutábamos de unas masas forestales mucho más desarrolladas que en la actualidad. Pero, centrémonos en la estrecha relación que se establece entre ardillas y árboles.

En nuestro país existe una única especie de ardilla autóctona, que es la ardilla roja o común (Sciurus vulgaris), para la cual se han llegado a proponer varias subespecies en base a pequeñas diferencias ecológicas y de coloración, de las cuales finalmente sólo tres han sido ampliamente aceptadas: una que ocupa la región norte, otra que se extiende en la zona centro y por último una subespecie muy singular que se ha denominado ardilla de Espuña y que habita los extensos pinares de esta sierra murciana. Para todas ellas, la base de su alimentación son las pequeñas semillas de los pinos, aunque también se proveen de otros frutos y semillas, además de insectos e incluso restos de comida cuando conviven con nuestra especie. Para sus desplazamientos, limita en la medida de lo posible el hacerlo por el suelo, donde podría ser fácilmente detectada, convirtiéndose en presa para un gran número de depredadores. Con esta sencilla ecuación, estaríamos estableciendo una relación directa entre la supervivencia de esta especie y la posibilidad de reducir sus desplazamientos por tierra.

Lo cierto es que hasta los años 90, tan sólo se detectaban pequeñas poblaciones aisladas en las comarcas interiores de la Comunidad Valenciana, considerándose extinguida en la provincia de Alicante. Esta situación resulta hoy poco menos que sorprendente, cuando a menudo hemos podido leer noticias en prensa que hablaban de “invasión” de ardillas en diferentes puntos de nuestra provincia, dando cuenta de ejemplares que han ocupado parques y jardines en las ciudades. Existen varias razones que podrían explicar esta recolonización, entre las que la recuperación de la cubierta forestal de la que dábamos cuenta en la primera parte de este artículo sería la principal causa. También tenemos noticias de proyectos de reintroducción de la ardilla en nuestra provincia, como el llevado a cabo en el paraje de La Fustera en Benissa hace unos 15 años y que aunque se plantearon a muy pequeña escala han demostrado tener un tremendo éxito a juzgar por los resultados.

Se tienen noticias del avistamiento ocasional de ardillas en la Sierra de Crevillent, sobre todo en la cara norte, donde existe una masa forestal más importante, a partir de finales de los años 90. También recuerdo haber hablado con José Manuel Yañez, encargado del área recreativa de San Cayetano, de su presencia en la zona, a veces junto a algún ejemplar de ardilla gris americana liberada sin duda por parte de algún visitante. Pero cómo han llegado a superar su natural recelo las ardillas hasta alcanzar las zonas verdes urbanas sigue siendo un tema que despierta interés.

Como ejemplo del movimiento de estos animales hasta zonas pobladas, se han relacionado los devastadores incendios que afectaron al interior de la provincia de Valencia con su expansión hacia la capital, donde ahora se mueven con descaro a lo largo del antiguo cauce ajardinado del río Turia, convertido en pulmón verde para la ciudad. La cuestión es ¿podrían haber llegado de forma natural algunos ejemplares hasta nuestro Parque Municipal para formar la pequeña población que tenemos hoy en día? Digamos que no sería algo imposible, pero una observación detenida nos dará otra pista. Les comentaba que existían 3 subespecies, entre las cuales se encuentra la llamada ardilla de Espuña, descrita por el naturalista José Antonio Valverde en 1967.

Como su nombre indica, es endémica o exclusiva de los pinares de Sierra Espuña, extendiéndose a otras zonas limítrofes dentro de la región de Murcia y llegando hasta la Sierra de María en Almería, aunque sin otros núcleos de población conocidos. Pues bien, resulta que nuestras simpáticas ardillas reúnen todas las características morfológicas que las identifican como pertenecientes a esta subespecie, de manera que cabría pensar en un posible traslado de ejemplares, por parte de algún particular que consideraremos bienintencionado. Como ven la mano del hombre se oculta muchas veces tras la historia natural, a veces para mal y a veces para bien, eso júzguenlo ustedes. Ismael Gallardo Lledó




coded by nessus

Related posts:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *