Desde Italia con amor: Una serata en el Teatro de la Scala

SEMPEREEl teatro de La Scala de Milán es, junto al Metropolitan Opera de Nueva York, la Viena Staatsoper y la Opera de Berlín, uno de los teatros más importantes del mundo. El teatro italiano se encuentra en el centro de la capital lombarda, muy cerca del Duomo, la Galleria Vittorio Emanuele y las grandes calles de la moda como la Via Montenapoleone y la de La Spiga… Todo ello es, sin lugar a dudas, de visita obligada cuando se está en Milán.

El melodrama nació y se desarrolló en Italia, la patria de la lírica, siendo el país con mayor número de teatros de ópera en el mundo. Es por ello por lo que La Scala sea considerada la catedral del canto y que en su interior se respira mucha Historia, pues por su palco han pasado las mejores voces, como la de la María Callas, Pavarotti, Plácido Domingo… El corazón se encoge cuando se visita La Scala, el templo de la lírica. A mí personalmente me impactó la enorme lámpara de cuatrocientas bombillas que ilumina de forma marvillosa todo el teatro.

Corrían los años noventa y el director musical de La Scala era Riccardo Muti, uno de los máximos directores de orquesta de su generación, visto como un continuador de Arturo Toscanini.

Muti quería hacer de la soprano italiana Tiziana Fabbricini la nueva Callas (con la furibunda oposición de los viudos de la soprano griega). Como acompañante de la soprano buscaba en esos momentos a un tenor español, (hay que señalar que lo español en la lírica estaba en esos momentos de moda gracias a Plácido Domingo) y eligió al tenor crevillentino José Antonio Sempere. El jefe de abonados de La Scala lo había escuchado cantar previamente en un concierto benéfico ofrecido por un centro cultural franciscano, Rosetum, que tiene como finalidad la difusión de la cultura. El debut en La Scala fue pues una serata de 1990 y la soprano Fabbricini y el tenor crevillentino fueron acompañados por el pianista italoamericano de fama mundial Vicenzo Scalera.

Actuar en el templo de la lírica impone mucho respeto y él mismo lo recoce: “Tenia molta por”. Sempere era consciente de la responsabilidad y del honor que conllevaba cantar en La Scala, pues se trataba de un sueño… Como tocar el cielo con las manos.

No sería la última vez en actuar allí, gracias a la amistad personal que el tenor crevillentino trabó con Ricardo Muti y Gavazzeni, el cual había sido previamente director musical de La Scala. Las obras “La muette de Portici” de Daniel François Auber y la “Bohème” de Puccini vinieron después. El tenor no solo cantó en Milán sino en los mejores teatros de Italia como La Fenice de Venecia o la Arena de Verona. La relación intensa de Sempere e Italia duraría una década, siendo ésta muy intensa. Allí, el cantante hizo muy buenos amigos y él mismo asegura que Italia le encanta y la define como un museo a cielo abierto.

Era la vida de José Antonio muy dura en esos momentos. Llegar alto cuesta mucho sacrificio y especialmente en un mundo como el de la lírica, extremadamente competitivo, desleal y por ende estresante; pero cuando uno tiene vocación los obstáculos se superan con mucho orden, disciplina y trabajo. Para moverse en ese mundo Sempere siempre contó con el apoyo constante de su esposa, la pianista Paquita, que es profesora en el Conservatorio de Elche. Se conocieron en el poble a raíz de unas partituras y les unió su amor por la música.

La voz “és un miracle”, dice el tenor del poble, “con ella trasciendo, voy más allá y doy un mensaje de belleza a todos los que me oyen”. Miriam Lafuente Soler

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