Historias para contar: El atrevimiento de la Festa de Moros y Cristianos

salvadorCuando se inició la Fiesta de Moros y Cristianos en Crevillent (1965), nadie imaginaba la relevancia que alcanzaría en pocos años. Ahora, casi medio siglo después, mirando hacia sus inicios, nos embarga un sentimiento de gratitud para con aquel reducido grupo de jóvenes que la hicieron posible. Seducidos por el ambiente de alegría, propio de estas celebraciones que desde antiguo tenían lugar en otras localidades de la provincia, decidieron implantarlas en Crevillent. Ilusionados -algunos les tacharon de ilusos-, iniciaron la andadura con el atrevimiento característico de la ignorancia, sin tener un proyecto definido. Su inventiva para adaptar a su pueblo los fundamentos de estas celebraciones obtuvo el mayor premio que cabía esperar: la ficción superó a la realidad. Sin proponérselo, vendrían después dos referencias históricas para apuntalar la llamada “Trilogía” de la Fiesta: el episodio de la sumisión del Rais de Crevillent con su Castillo al Rey Jaime I (año 1265), y el día del patrón del pueblo, San Francisco de Asís (4 de octubre), que en el año 1609 coincidió con la expulsión de los moriscos de Crevillent.

Dos fechas emblemáticas en los anales de la villa, que gracias a su preponderancia en el desarrollo de los actos festeros, son ahora conocidos por todos los crevillentinos. Puestos a enjuiciar el auge veloz de la Fiesta destacaríamos dos consideraciones distintas, pero que la una sin la otra no hubiera sido posible el éxito. La primera fue el apoyo del Ayuntamiento gestionado por el concejal Jerónimo Maciá Coves, a la vez primer presidente de la Asociación, y la segunda el factor humano prestando un entusiasmo sin límites para conseguir el objetivo. Esta circunstancia sería vital para su consolidación, porque los iniciadores demostraron una fe capaz de mover montañas, que a su vez contagiaron a la juventud. No les importó que otros pensaran que aquello era una utopía, ellos eran capaces de convertirla en una bella realidad.

A los cinco años de su puesta en funcionamiento la opinión general era unánime: esto ya no hay quien lo pare. Ya por aquel tiempo había calado tanto el sentimiento “festero” que para los participantes en los desfiles preguntarles aquello de: “¿Y tú de qué te disfrazas?”, era el peor insulto. No era para menos, porque durante los días de la Fiesta los vestidos, al revés de los empleados en otras ocasiones, sí hacen a los guerreros, guerreras y reinas con sus damas. El sueño romántico que les transporta a unas batallas medievales -espadas, lanzas, pólvora-, y las damas enamoradas de sus caballeros, moros o cristianos, les hacen sentir por unas horas una felicidad maravillosa. Creemos que esta circunstancia ha sido, y es, primordial para mejor entender el éxito alcanzado por la Fiesta de Moros y Cristianos en Crevillent. Salvador Puig Fuentes




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