La pasaeta: El barri de Baiona

Uno de los barrios más populares de Crevillent ha sido y es el Barrio de Vayona (también escrito Baiona o Vallona). Este lugar antiguamente tuvo fama de ser un barrio de “filaós y menaós” y ha sido cuna igualmente de personajes de toda índole muy populares en nuestra localidad, incluso en el ámbito deportivo del boxeo. El barrio en tiempos antiguos se autoabastecía. Contaba con establecimientos de lo más variopinto: uno de los principales era El Forn dels Roques, también tenía “les tendes de la Caballa i La Flora”, la Taberna de la Pitxona, la Jepsá dels Brufaus, luego dels Parreños, El Molí del Tío Vicent, la Escuela de la Tía Lola La Carafala, así como corrales de cabras que de allí salían “camí de la serra”, como las del Marchantero, El Bola, Els Ferreros o Els Carafals.

También contaba el barrio con el depósito de agua que abastecía a todo Crevillent y que en su día fue construido en el antiguo Calvario del poble, pues antiguamente el Calvario estaba en el barrio de Vayona. Contaban los más antiguos del lugar que la procesión de Viernes Santo acababa allí.

El barrio de Vayona tuvo mucho movimiento económico en los años de la post-guerra en los que el pequeño comercio dinamizaba la vida del barrio y facilitaba el sustento en aquella época de crisis, ya que la mayoría de sus vecinos compraban de “fiat” y pagaban cuando podían, de otra manera no hubieran tenido qué comer. El barrio despertaba muy temprano, casi de madrugada, cuando los trabajadores, “els filaós”, comenzaban a “polír el fil”. Con un clavo de hierro que hincaban al suelo con un martillo o “parpal”. El tintineo de ese martilleante ruido era el despertador de todo el barrio, todos y cada uno de los días de la semana con alguna excepción. Los lunes, la mayoría de trabajadores hacían “fiesta” y empleaban el día para ir de tabernas, dormir o salir al campo de recreo y en cuadrillas a hacerse alguna “perola d’ arròs”. La mayoría eran trabajadores que trabajaban 365 días al año y de sol a sol.

Vecinos de Vayona formaron un equipo local de fútbol llamado “El Penyó”. También contaba el barrio con un salón para aprender a bailar y donde se tocaban guitarras y bandurrias y se cantaba como siempre se ha hecho en nuestro pueblo. Ejemplos de ello era la familia Olivares y “el Gil”, entre otros. Los niños jugaban felices en la calle desde bien pequeñitos y en los días más calurosos iban en cueros, por lo que una cueva que había al lado del Horno del Roque donde jugaban los pequeñines adquirió popularmente el nombre de “La Cova dels Lilis”. Aquellos pobres niños tenían una infancia muy corta pues todo lo más a los 8 años los ponían a trabajar, en cuanto llegaban “al clau de la roda de menà”. Y si eran bajitos se les ponía un montón de tierra donde subirse para que alcanzaran a menar. Quisiera recordar alguna estrofa de la poesía del crevillentino D. Anselmo Más Espinosa dedicada al xiquet menaó.

Joaquín González Durán

EL MENAÓ

O en un fret que pela,

o en un sol que abrasa,

pegat a la roa

veus al menaó,

mena que te mena,

roa que te roa,

mentres que va i torna

el seu filaó.

Es listo el chiquillo;

te ulls que li parlen;

ni sap que hay escola,

ni sap que es chuá…

Apenes te forsa

pa mená, sa mare

ya li busca el amo

p’aná a treballá.

Va sense espardeñes

o es lleva molt rotes,

i una camiseta,

i uns pantalonets

ñigats a la pancha

en una cordeta,

o be en una fona

que el home s’ha fet. (…)




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