Vivencias: Valoraciones como pregonero de un “yonqui” de la Semana Santa

Soy un privilegiado, no me canso de repetirlo. La experiencia de haber sido designado pregonero de nuestra Semana Santa ha superado mis mayores y mejores expectativas.

¿Y ello por qué? Fácil, esta pasada Semana Santa de 2016 ha supuesto para mí un intenso, prolongado y placentero “chute” cuyos efectos espero que perduren durante mucho tiempo. Y digo “prolongado” porque los meses transcurridos desde mi nombramiento a mediados de diciembre pasado hasta la actualidad han constituido, sin duda alguna, el periodo más gratificante de los relacionados con mis vivencias en la Semana Santa, y también uno de los más destacables de mi vida personal.

Quizás la palabra que más he repetido durante estos últimos tres meses haya sido “satisfacción”. Suena a tópico, pero es la realidad. Desde el día 17 de diciembre de 2015, cuando se hizo público mi nombramiento, no he dejado de recibir felicitaciones de amigos y conocidos por tal reconocimiento, a los que siempre respondí “es para mí una gran satisfacción”. Y efectivamente así ha sido, hasta el punto de que la realidad ha superado mis expectativas más optimistas.

Mi experiencia como pregonero la resumiría a través de un triángulo con tres vértices: ilusión, gratitud y responsabilidad.

Ilusión, porque desde mi infancia he vivido intensamente mi querida Semana Santa, y a ella he dedicado además buena parte de mi tiempo libre. Y siempre lo he hecho disfrutando, tanto de los actos propiamente dichos como de las labores de gestión que rodean a una cofradía. Mis vínculos con esta celebración han sido, y seguirán siendo, muy reconfortantes, me han enriquecido personalmente y me han permitido iniciar y consolidar amistades que siempre permanecerán. Por ello, el nombramiento como pregonero ha supuesto para mí el mejor y mayor reconocimiento que se le puede otorgar a un crevillentino que adora su Semana Santa. Esta pasión se la debo a mi familia, que desde pequeño me inculcó la tradición “semansantera” y me enseño a amarla, a disfrutarla y a trabajar por ella, así como a mis compañeros y amigos de las tres cofradías a las que pertenezco.

En cuanto al sentimiento de gratitud, cuando se me ofreció este cargo no pude ocultar mi sorpresa inicial, pero no dudé en aceptar. Se trata de un privilegio del que solo pueden disfrutar unos pocos y que un crevillentino apasionado por las tradiciones de su ciudad nunca podría ni debería rechazar. No puedo decir que lo esperaba, pero tampoco que nunca hubiera pensado en este nombramiento, porque faltaría a la verdad. Por supuesto que lo había pensado, como todos pensamos en ideales que entendemos irrealizables o sueños que nos gustarían que se cumplieran. En este caso, he tenido la suerte, el orgullo y la satisfacción de que la Federación de Cofradías y Hermandades se fijara en mí, entre muchos otros candidatos que seguro que reunían los mismos o mayores méritos. Por todo ello, mi gratitud hacia esta entidad es infinita.

Y por último, responsabilidad. El nivel de expectación que el pregón de la Semana Santa despierta en Crevillent es ciertamente elevado. Para mí ha sido un reto que he asumido con ilusión, pero con un enorme sentido de la responsabilidad. Todos mis antecesores poseían trayectorias profesionales más que destacables y muchos de ellos han sido personalidades con un renombre incuestionable en sus respectivos campos. Sus pregones fueron magníficos y supieron retratar inmejorablemente, cada uno con su propio estilo, su visión sobre nuestra Semana Santa. Yo me sentía obligado a no defraudar a los crevillentinos y por ello volqué todos mis esfuerzos en la preparación del pregón. Mi principal objetivo fue trazar un discurso fresco y actual en el que me sintiera cómodo y convencido, y a través del mismo poner de manifiesto el compromiso y la aportación de una generación de crevillentinos a los que califiqué, quizás atrevidamente, como “yonquis” de su Semana Santa.

Pero todos los momentos llegan… y pasan, y la vida continúa. Y este pregonero no puede ser ajeno a esta realidad. La Semana Santa de 2016 ya ha finalizado y en unos pocos meses habrá una persona que recibirá una llamada inesperada en la que le propondrán ejercer como mi sucesor en el cargo para 2017. Ese día será para él/ella uno de los más felices de su vida, como también lo fue para mí.

Yo, por mi parte, seguiré disfrutando de los rescoldos aún muy vivos de esta inolvidable experiencia, y a seguir trabajando duramente por nuestra próxima Semana Santa. Porque el pregonero no tiene bula, y porque este “yonqui” ya empieza a estar de nuevo con el “mono”. Joaquín P. Mas Belso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.