Historias para contar: Las dos coronas de la Virgen Dolorosa

Hace años escuché de una persona mayor el por qué la corona que llevó la Dolorosa desde 1940 a 2010 (año de su coronación), no es la misma que vemos en las fotos de las primeras revistas de Semana Santa. En la del año 1925 se ve la imagen en un recuadro pequeño, pero con la suficiente claridad para poder darnos cuenta de que su corona no es la misma que lució en dichos año.

Según explicaba aquella persona, recién terminada la Guerra Civil en el año 1939, se formó una comisión con la finalidad de recuperar los valiosos objetos religiosos incautados durante la contienda. Dicha comisión, presidida por el párroco D. Francisco Mas Mas, acudió a la ciudad de Alicante a comprobar si alguno de aquellos objetos allí almacenados pudieran pertenecer a Crevillent.

Piezas de oro y plata quedaron allí en depósito en espera de ser embarcados con destino a Rusia. (Eso propalaban; los vencidos para evitar ser saqueados). Los comisionados, al no encontrar la desaparecida corona de la Dolorosa, decidieron traerse una muy parecida pero mejor.

Dolorosa Antigua (1)

La anécdota tiene los indicios suficientes para considerarla como verídica. Hace poco tiempo nuestro amigo e historiador, Bienvenido Mas Belén, me proporcionó la transcripción del acta municipal de 18 de mayo de 1937. En aquella sesión se aprobó la conveniencia de entregar al “Gobierno de la República el tesoro que existía en la Iglesia Parroquial consistente en una custodia, otros objetos de valor y algunas imágenes de ( ¿…?)”. Indican que debe realizarse su inventario antes de “depositarse en el Banco de España de Alicante”. Añaden que “los indicados objetos se hallan actualmente depositados en la caja de seguridad de la referida Iglesia Parroquial”.

Desconocemos si llegó a efectuarse dicho inventario. Sin embargo, por documentos antiguos sabemos que existían algunos objetos manufacturados en plata -ciriales, cruces-, y otros en oro como era la valiosa custodia realizada por un orfebre madrileño en el año 1929. Su peso en oro superaba los cuatro kilos. Llevaba engastadas, y como adornos, 60 esmeraldas, 8 rubíes, 317 diamantes y brillantes, 45 perlas, 13 topacios y 7 turquesas. Respecto de las imágenes incautadas las atribuyen erróneamente a Salcillo. Debían ser las que desde tiempo inmemorial albergaba la iglesia, cuya autoría desconocemos: Nazareno, Crucificado, Yacente y la Dolorosa, las cuatro que conformaban la procesión o Vía Crucis de Viernes Santo. El documento más antiguo sobre esta procesión refiere que a mediados del siglo XVIII, el Ayuntamiento sufragaba el gasto de la cera. Acerca de esta primitiva procesión, el presbítero Francisco Mas Mas, afirmaba en sus escritos que la Dolorosa iba en el último lugar acompañada por un nutrido grupo de hombres cantando lúgubres motetes. Desde entonces, la procesión de la mañana del Viernes Santo perpetúa la tradición de más de trescientos años con pequeñas variantes.

Desde hace poco tiempo al coro formado por hombres y niños se han incorporado las mujeres; como mandan los tiempos modernos. Hoy, lo mismo que ayer, a la Dolorosa la acompaña el pueblo formando coro; en él todos tienen cabida. Es el día en el que los crevillentinos compartimos inquietudes y sentimientos. Recordaremos a los que estaban el año anterior. ( Yo concretamente a mi entrañable amigo Frisco). Y desde lo más profundo del corazón le diremos a la Virgen “hasta el año que viene”. Salvador Puig Fuentes




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